🌱 Cuánto rinde hoy producir en el campo: el “poder de compra” pone bajo la lupa a granos, ganadería y yerba mate
En un contexto de márgenes ajustados y costos en permanente movimiento, el seguimiento de la relación entre precios y costos se volvió una herramienta central para el agro argentino. Un informe mensual elaborado por CONINAGRO y DATA Miazzo analiza esa ecuación a través del denominado poder de compra, un indicador que muestra cuántos insumos, servicios y bienes de capital puede adquirir un productor con lo que produce.
El estudio toma como referencia siete actividades clave: soja, maíz, trigo, ternero, novillito, leche y, por primera vez, yerba mate, y compara la evolución de sus precios frente a una canasta de más de 20 costos relevantes, entre ellos herbicidas, fertilizantes, fletes, salarios y maquinaria.
Una radiografía de la competitividad
El enfoque insumo-producto permite evaluar algo más profundo que la variación nominal de los precios. Cuando el poder de compra mejora, el productor necesita menos producto para cubrir un costo; cuando se deteriora, el esfuerzo productivo aumenta.
Según el informe, los granos muestran una mejora “lenta pero sostenida” respecto de la campaña pasada. “Las relaciones son algo más favorables, aunque el poder de compra sigue estancado si se lo compara con las últimas cinco campañas”, advierten. El dato positivo es que soja, maíz y trigo continúan ganando terreno frente a costos como inmuebles rurales y fitosanitarios.
Ganadería: un escenario claramente favorable
La ganadería aparece como una de las actividades mejor posicionadas. Con precios por encima del promedio de los últimos años, las relaciones insumo-producto resultan ampliamente favorables.
“El poder de compra ganadero muestra una mejora promedio del 15%, tanto en la comparación interanual como histórica”, señala el informe. La única excepción es la relación entre novillo y ternero, donde la mejora no es tan marcada.
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Yerba mate: mejora coyuntural y alerta estructural
La incorporación de la yerba mate al relevamiento permite observar un comportamiento particular. En la comparación interanual, el poder de compra muestra mejoras superiores al 20% frente a la mayoría de los costos.
Uno de los ejemplos más claros es el transporte: la relación gasoil/yerba mejoró un 40%. Hoy se necesitan unos 5 kilos de hoja verde para pagar un litro de gasoil, cuando un año atrás hacían falta cerca de 8 kilos.
También se registran mejoras en los costos laborales. En noviembre de 2025, fueron necesarias 2,3 toneladas de hoja verde para cubrir el salario mensual de un peón yerbatero, frente a las 3,1 toneladas requeridas un año antes. A esto se suman avances frente a fitosanitarios y fertilizantes, del 30% y 20%, respectivamente.
El largo plazo muestra otra cara
Sin embargo, al ampliar la mirada al promedio de los últimos cinco años, la situación cambia de forma drástica. El poder de compra de la yerba mate exhibe un deterioro cercano al 40%, reflejando una pérdida estructural de competitividad.
En ese período, en promedio se necesitaron 1,6 toneladas de hoja verde para pagar el salario de un trabajador, lo que implica una caída del 43% en el poder de compra. En transporte, la pérdida alcanza el 34%, mientras que frente a fertilizantes ronda el 36%.
La principal excepción aparece en algunos fitosanitarios, como el glifosato, donde la relación insumo-producto mejora un 12%, en línea con la baja de los precios internacionales.
Producción récord y precios en crisis
El informe vincula este deterioro con la crisis que atraviesa el sector yerbatero en los últimos dos años. En 2024, una cosecha récord cercana al millón de toneladas generó un fuerte sobre stock en los secaderos, situación que se agravó con la desregulación del esquema de fijación de precios.
Durante 2025, los productores cobraron en promedio entre $250 y $280 por kilo de hoja verde, con algunos valores puntuales cercanos a los $300, además de pagos diferidos a 30, 60 y hasta 120 días. Estos precios quedaron muy por debajo del último cálculo de costos del INYM, que en octubre estimó un costo de $424 por kilo, profundizando el desfasaje entre ingresos y estructura de costos.









































