La campaña triguera está prácticamente definida, pero todavía guarda un margen de incertidumbre. Con la recolección ya completada en casi todo el país, el cierre definitivo dependerá del desempeño de los pocos lotes que aún quedan en pie, concentrados en regiones con peso clave dentro del balance productivo.
El último relevamiento nacional indica que la cosecha alcanzó el 98,5% del área apta, marcando el ingreso a la fase final del ciclo. El avance se aceleró en los últimos días gracias a la falta de lluvias en el sur del área agrícola, que permitió un progreso semanal de 5,8 puntos porcentuales y destrabó zonas que venían demoradas por cuestiones climáticas.
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En ese tramo final, los resultados confirman un rasgo dominante de la campaña: la fuerte heterogeneidad de rindes. En el sur productivo se observan registros que van desde 25 hasta 60 quintales por hectárea, una amplitud que refleja la disparidad de condiciones ambientales y de manejo. Como resultado, el rinde promedio nacional se ubica en 43,4 qq/ha, con diferencias marcadas entre regiones.

Más allá de que la mayor parte del trigo ya fue recolectado, el foco ahora se posa sobre los últimos cuadros pendientes, cuya contribución será determinante para el volumen final. Se trata de áreas con un peso significativo en la ecuación productiva, por lo que su desempeño podría terminar de inclinar el resultado de una campaña atravesada por contrastes.

Con la trilla entrando en tiempo de descuento, el trigo cierra un ciclo donde el clima, la oportunidad de cosecha y la variabilidad regional volvieron a ser protagonistas. En los próximos días, los datos finales permitirán dimensionar con mayor precisión el verdadero saldo productivo de la campaña.

Fuente: Bolsa Cereales de Buenos Aires









































