Un informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y la Fundación INAI proyecta que, si se avanza con el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea y se reducen las retenciones, la Argentina podría incrementar fuertemente su producción y exportaciones agroindustriales en la próxima década.
El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea vuelve a ubicarse en el centro del debate económico y productivo. Aunque su entrada en vigencia enfrenta demoras en Europa, un reciente estudio de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires junto a la Fundación INAI analiza el impacto potencial que tendría sobre el agro argentino, especialmente en un punto clave: las retenciones a las exportaciones.
Tras más de veinte años de negociaciones, el tratado establece un marco de reglas comerciales más estables y previsibles, con compromisos concretos en materia de derechos de exportación. Entre ellos, se destaca que, a partir del tercer año de vigencia, Argentina no podrá aplicar retenciones a los productos que se destinen a la Unión Europea, salvo algunas excepciones puntuales.

En el caso de la soja, por ejemplo, el acuerdo fija un esquema de reducción gradual: comenzaría con un tope del 18% y descendería progresivamente hasta el 14% en el décimo año.
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Retenciones y producción: el efecto derrame
El informe parte de una premisa central: en la práctica, es muy difícil aplicar retenciones diferenciadas según el destino de las exportaciones. Debido a cómo funcionan las cadenas agroindustriales, los derechos de exportación terminan impactando sobre el precio interno, más allá de a qué mercado vaya finalmente el producto.
Bajo ese supuesto, los técnicos de la Bolsa modelaron distintos escenarios para cereales y oleaginosas. En un escenario base, sin acuerdo y con condiciones macroeconómicas estables, la producción total hacia la campaña 2034/35 se ubicaría en torno a los 155 millones de toneladas.
Sin embargo, si se aplican los compromisos del Mercosur-UE y se reducen las retenciones, ese volumen podría superar los 160 millones de toneladas. Y en un escenario más dinámico, con mayor previsibilidad y mejoras en productividad, el potencial treparía hasta 173 millones de toneladas, es decir, casi 18 millones de toneladas adicionales.

Más toneladas, más dólares
El salto productivo también tendría un fuerte impacto en el comercio exterior. A precios constantes, las exportaciones agroindustriales podrían pasar de unos USD 33.000 millones en el escenario actual a cerca de USD 42.000 millones en el escenario de mayor dinamismo.
Trigo, maíz y soja serían los principales motores de ese crecimiento, apalancados por mejores precios relativos, menor presión tributaria y mayor adopción tecnológica.
Además, el acuerdo incorpora compromisos regulatorios relevantes, como limitar el uso de medidas discrecionales que en el pasado afectaron la operatoria exportadora, lo que suma previsibilidad para las inversiones de largo plazo.
Una oportunidad estratégica
Los autores del informe aclaran que se trata de simulaciones, sujetas a supuestos económicos y políticos. Sin embargo, coinciden en que el Mercosur-UE representa una oportunidad estratégica para consolidar a la Argentina como proveedor confiable de alimentos en un contexto global de creciente demanda y mayores exigencias comerciales.
Menos incertidumbre, reglas claras y mejores incentivos podrían convertirse en la base de un nuevo ciclo de expansión productiva del agro argentino durante la próxima década.






































