Innovar en Tiempos de Pandemia. Agricultura Familiar en la Argentina

Con el fin de preservar la salud pública argentina, desde el 20 de marzo de 2020 rige el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO). Si bien el “quedarse en casa” no incluye a las personas que se dedican a la producción y distribución de alimentos, muchos productores de hortalizas debieron ajustar sus redes de venta directa a consumidores, debido al cierre de ferias, o dificultades para organizar la distribución de productos a domicilio por miedo o falta de transporte. Para los agricultores, que ya venían trabajando con la modalidad de venta de reparto, el ASPO les permitió incrementar el volumen de ventas en más del 50%. En las ciudades, donde se suspendieron las ferias agroecológicas o de hortalizas convencionales, los agricultores conjuntamente con sus organizaciones de base, intermediarios solidarios, profesores universitarios y técnicos de instituciones públicas, movilizaron la venta de bolsones, entregando en nodos comerciales o a domicilios particulares. A través de las innovaciones registradas en diferentes ciudades del país, este artículo muestra como los canales cortos de comercialización se modificaron en el contexto COVID-19. La primera parte de esta breve reseña, contextualiza los principales canales comerciales utilizados por los horticultores familiares en la Argentina. La segunda sección explica los cambios e innovaciones llevados a cabo por los agricultores en contexto de pandemia en diferentes geografías del país, teniendo en cuenta sus potencialidades y debilidades. Por último, se reflexiona acerca de las políticas públicas que deberían fomentar los canales cortos y la soberanía alimentaria. En los últimos años, muchas organizaciones de la horticultura vienen reclamando políticas de acceso a la tierra, microcréditos. Antes de la pandemia ya estaban organizando canales de venta directa y de compra pública en algunos municipios.

  1. Circuitos Comerciales de Hortalizas en el Mercado Doméstico

 

Argentina, uno de los países con mayor superficie de Sudamérica, cuenta con una población cercana a 40 millones, concentrada en la provincia de Buenos Aires(39%), Córdoba y Santa Fe (15%), (INDEC, 2011; mapa en INDEC, s/f). Estos grandes conglomerados urbanos y las grandes distancias físicas requieren de una ajustada distribución de productos desde la zona de producción a los centros de consumo en tiempo y forma. De acuerdo al último Censo Horti-Florícola de la provincia de Buenos Aires (CHFBA, 2005), que se podría generalizar para otras zonas, el 36% del volumen total de hortalizas se comercializa de manera directa en los mercados concentradores. Esta proporción aumenta para productos como tomate (66%) y hortalizas de hoja (55%). En el comercio minorista, las verdulerías son responsables de la venta de más del 80% de las hortalizas, quedando en manos de los supermercados cerca de 3,4% (INDEC, 2019; Viteri, 2013). No existen estadísticas en relación al volumen de ventas directas entre productores y consumidores, aunque se verifica un incremento importante antes y durante la pandemia. Estos circuitos comerciales cortos están representados por las Ferias, Reparto a Domicilio, Intermediarios Solidarios y Almacenes de Agrupaciones Sociales como la Unión de Trabajadores de la Tierra (Viteri et al., 2019; Caracciolo, 2019; Mosse, 2019). Las ferias no necesariamente implican la venta directa del productor al consumidor, algunas revenden productos adquiridos en canales tradicionales. Son las ferias de agricultura familiar las que buscan acercar al productor y productora a consumidores que valoran tanto a los trabajadores de la tierra como a las hortalizas frescas y libres de agroquímicos. En la actualidad existen más de 200 ferias de la agricultura familiar diseminadas principalmente en el noreste, noroeste, centro y Buenos Aires (INDEC, s/f). Se trata de un circuito comercial corto que se presenta como una alternativa para productores con insuficiente escala productiva y escasos recursos para invertir en empaque y logística. Las ferias requieren de organización asociativa y logística, que no siempre pueden afrontar los pequeños productores quienes se asocian con organismos gubernamentales y no gubernamentales (Alcoba y Dumrauf, 2011; Viteri, 2013).

 

Otros canales comerciales directos sin intermediarios, son la venta en campo y reparto a domicilio. En la Argentina no es tan frecuente la venta directa en la explotación por las largas distancias geográficas. En cambio, la venta a domicilio cuenta con mayor trayectoria histórica. Existen múltiples modalidades, desde servicios mínimos de venta en bicicleta casa por casa hasta empresas con infraestructura de empaque y transporte que cubren un área geográfica de más de 100 Km. (Viteri y Ghezán, 2001). En los últimos años han crecido estos canales debido, entre otros factores, a cambios en los hábitos de consumo (particularmente en las clases sociales medio altas), mejoras en el transporte y las comunicaciones, así como el acceso a Internet por parte de los productores. Estas empresas entregan semanalmente a domicilio una canasta de frutas y hortalizas de estación fijas y otras a elección (en los últimos años algunas de las empresas han diversificado la oferta con otros productos alimentarios y/o flores de corte). El servicio puede incluir, además de la selección, pre-lavado y envasado de las hortalizas para su mayor conservación. Usualmente, en la caja se incluye folletería con recetas que orientan al consumidor para un mejor uso del producto. Si bien, este tipo de empresas se encuentra difundida en todo el país, una gran parte circunscribe su radio de acción en la ciudad con mayor densidad poblacional.

Los circuitos cortos o directos les permiten a los y las agricultoras un mayor grado de apropiación del valor del producto final al evitar la intermediación. Las ventas directas generan vínculos de intercambio de información y conocimientos entre el productor y el consumidor, lo que permite un mejor y más fácil ajuste a la demanda (Viteri et al., 2019). En general, se trata de venta de productos agroecológicos que busca sustentar principios tales como autonomía, seguridad alimentaria, respeto por la cultura y producción local, reconexión con la madre tierra y con los trabajadores de la tierra. La producción orgánica en la Argentina se destina al mercado externo, y las principales producciones son ganaderas y de cultivos extensivos, una proporción menor se vincula con peras, manzanas, cebolla, ajo y zapallo (Giacobone et al., 2018).

 

  1. Cambios en los Circuitos Cortos de Comercialización de Hortalizas

El ASPO modificó varias de las alternativas de venta de los agricultores familiares hortícolas, quienes debieron enfrentar con rapidez y urgencia las restricciones de circulación en la vía pública y la suspensión de las ferias en algunos municipios, que las catalogan como espacios culturales y no alimentarios. En el área metropolitana de la ciudad de Buenos Aires(AMBA), aumentó y se consolidó la modalidad de distribución bajo bolsones durante todo este período de ASPO. Participan tanto organizaciones de productores, como comercializadoras solidarias, nodos de distribución y consumidores. De acuerdo a un informe de INTA (2020 a), existen algunos problemas en la producción (faltan algunos insumos y plantines), distribución (problemas serios para el traslado de productos de los puntos de producción a los intermediarios, fletes caros, faltan bolsas, alto costo de los envases retornables, no hay insumos de seguridad e higiene personal). Las siguientes imágenes evidencias cambios en ferias, y reparto de bolsones en contextos diversos.

Para conocer cómo las organizaciones sociales que producen y distribuyen alimentos frescos están afrontando la emergencia sanitaria, se realizó una encuesta vía internet en abril (INTA, 2020 b). Se recibieron 149 respuestas, principalmente de las provincias de Buenos Aires, Chubut, Mendoza y Córdoba (INDEC, s/f). Un 70% de los encuestados está integrado a alguna organización, cooperativa, asociación, colectivo o grupo, el resto tiene un emprendimiento familiar. Casi todos combinan canales comerciales, venden en ferias y reparten a domicilio. Muy pocos venden a supermercados, mercados de abasto (puestero) y/o verdulerías. No se registran ventas a instancias estatales de ningún tipo. Frente al contexto de la pandemia, 53% de los que están integrados señalan que el canal sigue funcionado con adaptaciones activas a los cambios de contexto. Este porcentaje baja al 36% para los que no están integrados. Pareciera que la organización entre productores es una fortaleza en momentos donde el contexto socio-económico exige mayor flexibilidad y búsqueda de estrategias expeditivas. Las organizaciones de productores consiguieron permisos municipales más rápido que los emprendimientos individuales. El medio para contactarse más usado es el what´s up (89%). Entre los principales problemas señalan la suspensión de las ferias, además del cuidado de familiares y personas a cargo, falta apoyo oficial y local (municipio), miedo al contagio, falta de infraestructura y movilidad. En estos momentos de desarrollo de la pandemia el 43,80% reconoce que ninguna institución lo ha contactado. Si bien estos canales cortos no pueden reemplazar en su totalidad a los convencionales (mercados concentradores, verdulería), están descomprimiendo la demanda. Los consumidores ven en la venta directa la posibilidad de no salir de sus casas, comprar hortalizas frescas y, en algunos casos, agroecológicas, además de fomentar la compra local.

  1. Reflexiones Finales

Para todos aquellos que buscan mejorar el sistema alimentario, reconocemos en los circuitos cortos de comercialización, amplias potencialidades para construir territorios sustentables en lo social y ambiental. La venta directa o casi directa entre productores y consumidores, promueve interacciones que recrean el valor del alimento, no sólo como un nutriente, sino como constructor de ciudadanía, de territorio, donde el lugar de procedencia y las características del proceso de elaboración se re-significan. La pandemia ha re-significado el valor de los alimentos que podrían revitalizar el sistema inmunológico de quienes lo consumen. El valor asignado a las hortalizas, el mayor tiempo para cocinar, la posibilidad de recibir productos en la casa, y comprar a un productor local fueron algunos de los factores que aumentaron la demanda de bolsones de verdura y asistencia a las ferias. Algunos consumidores, que asumen el acto de comer como un acto político, reconocen que detrás de cada alimento están las historias de agricultores y trabajadores de la tierra, quienes ponen su esfuerzo para llegar a las mesas de las familias urbanas y rurales. Si bien, en la Argentina existen agrupaciones de campesinos y agricultores que vienen innovando en sus canales comerciales como la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) o el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) Rama Rural, los circuitos de venta directa son escasos y no registran un apoyo sostenido de políticas públicas. El COVID-19, visibiliza otras pandemias como la pobreza estructural y la desigualdad en el acceso a alimentos sanos para toda la población. Las políticas públicas que responden a los efectos sociales de la pandemia (asistencia de emergencia para familias, trabajo y producción) son insuficientes para el mediano y largo plazo, especialmente en relación con el hambre, la inseguridad alimentaria y nutricional y las restricciones de ingresos de la población en general.

Los testimonios y prácticas de los productores, distribuidores solidarios y consumidores muestran la urgencia de innovar en la producción de políticas alimentarias. La venta a domicilio es una opción que podría sostenerse en el tiempo. Sin embargo, para seguir con estos repartos en una Argentina pos pandemia con alto desempleo, reducción del consumo, y más pobreza, será imprescindible un Estado fuerte que vincule a los agricultores familiares y sus organizaciones con la población vulnerable con escasos recursos para acceder a una alimentación sana. Para evitar lobbies y maniobras de la industria alimentaria concentrada, es necesario una política pública que emane de los mismos territorios, con los actores clave locales y de escalas productivas entre chicas y medianas. El Estado debería fomentar la compra pública, sostener y propiciar la venta directa de los productores y consumidores, a través de programas de promoción de consumo a la agricultura familiar, subsidios para enfrentar problemáticas como logística, higiene y cuidado ambiental.

 

Fuente: INTA por María Laura Viteri, Javier Alejandro Vitale Gutierrez, Gladys Noemí Gutierrez

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