Tras un enero irregular, el regreso de las precipitaciones y la baja de temperaturas podrían reducir daños y sostener rindes en más de 35 millones de hectáreas agrícolas.
El clima empieza a dar señales más favorables para la campaña gruesa. Aunque enero dejó lluvias muy desparejas, febrero arranca con pronósticos de hasta 90 milímetros en algunas zonas y un descenso térmico que podría aliviar el estrés de los cultivos.
Para gran parte del área agrícola argentina —más de 35 millones de hectáreas en secano entre las regiones Pampeana y Chaqueña— el agua disponible en las próximas semanas será determinante para definir rindes.
Qué está pasando
Los especialistas del INTA describen un escenario mixto: mientras el norte mantuvo buen nivel de humedad gracias a lluvias previas, la franja central recibió menos agua y ya muestra focos de déficit.
Durante enero, la demanda hídrica de los cultivos rondó los 180 mm, pero las precipitaciones promediaron entre 100 y 150 mm, con zonas críticas donde apenas se registraron 50 mm.
Las lluvias se concentraron primero en el norte, luego sumaron sectores de Buenos Aires y La Pampa, y hacia fin de mes se desplazaron al oeste, dejando al este con escasos aportes.

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Por qué importa
El agua en el suelo es el principal amortiguador frente a la sequía. Donde hubo reservas, los cultivos lograron sostener su desarrollo; donde faltó, el impacto ya se siente.
La franja que atraviesa sur de Entre Ríos, Santa Fe, centro de Córdoba y este de San Luis aparece entre las más comprometidas, con balances hídricos ajustados.

A quién afecta
Los maíces tempranos fueron los más golpeados en el oeste, con pérdidas en algunos lotes. Más hacia el este, el resultado dependerá de la humedad acumulada.
Los maíces tardíos y las sojas de primera comienzan su período crítico con cierto estrés, aunque las lluvias recientes trajeron algo de alivio. En los cultivos de segunda, el riesgo pasa por la implantación si las precipitaciones no se consolidan.
En el sur bonaerense y la Depresión del Salado el panorama sigue complejo, mientras que el girasol mostró mejores resultados en el norte pero necesita nuevas lluvias en el sur para sostener el potencial.

Lo que viene: hasta 90 mm y menos calor
Los modelos climáticos anticipan dos eventos cercanos a los 30 mm para Córdoba, San Luis, La Pampa y el centro-oeste bonaerense, con posibilidad de acumulados mayores en forma puntual.
Hacia mediados de febrero, el foco de las lluvias se trasladaría al norte y este del país, con registros estimados entre 40 y 90 mm.
Otro dato clave es el descenso de temperaturas, que dejaría atrás el estrés térmico de enero y generaría un ambiente más favorable para el desarrollo de los cultivos durante al menos la primera quincena del mes.
Contexto y fuentes
Informe agroclimático elaborado por especialistas del Instituto de Clima y Agua del INTA, con datos de la plataforma SEPA y análisis de técnicos de la agencia San Luis.
La evolución de las lluvias en febrero será determinante: donde el agua llegue a tiempo, todavía hay margen para sostener productividad; donde no, el impacto de la sequía podría profundizarse.







































