La siembra de maíz ya supera el 93 % del área prevista, aunque sigue atrasada respecto al año pasado. Las lluvias frenan las labores en el norte, la chicharrita obliga a cambiar planes en Santa Fe y el calor empieza a dejar huella en los lotes del sur cordobés.
La campaña de maíz entra en una etapa decisiva, marcada por un avance sostenido de la siembra, pero también por desafíos que comienzan a reconfigurar el manejo en distintas regiones productivas. La implantación con destino a grano comercial alcanzó el 93,1 % del área proyectada, aunque todavía se mantiene 5,3 puntos porcentuales por detrás del ritmo registrado a esta altura de la campaña pasada.

Las mayores demoras se concentran en el NOA y el NEA, donde las precipitaciones recientes impiden el ingreso de las máquinas a los lotes. El exceso de humedad no solo frena el avance de la siembra, sino que también genera incertidumbre sobre la ventana óptima para completar la superficie pendiente.

En el centro-norte de Santa Fe, en cambio, el foco está puesto en el crecimiento de las poblaciones de Dalbulus maidis. La presencia de la chicharrita empieza a incidir directamente en las decisiones agronómicas, al punto que parte del maíz tardío que aún no fue implantado podría cambiar de destino y pasar a soja, como estrategia para reducir riesgos sanitarios y productivos.
Mientras tanto, el maíz temprano transita un momento clave de su ciclo. El 74 % del área ya se encuentra en período crítico, entre VT y R1, con una condición general que se mantiene mayoritariamente entre Normal y Buena, alcanzando el 83,6 %. Sin embargo, el panorama no es homogéneo: en el sur de Córdoba se registran deterioros puntuales, con pérdidas de área y de potencial de rendimiento vinculadas a la combinación de altas temperaturas y escasa disponibilidad de agua en el perfil del suelo.
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Por su parte, el maíz tardío continúa avanzando en su desarrollo con indicadores algo más alentadores. El 90,2 % de los lotes relevados presenta una condición entre Normal y Buena, aunque la estabilidad de este escenario dependerá de que se concreten nuevas lluvias en las próximas semanas que permitan recomponer la humedad edáfica.
Con un alto porcentaje del área ya sembrada y buena parte de los cultivos atravesando etapas críticas, la campaña maicera se juega ahora en dos frentes: la evolución climática de corto plazo y la capacidad de los productores para adaptar sus estrategias frente a la presión sanitaria y al estrés hídrico. Dos factores que serán determinantes para definir el resultado final de la cosecha.

Fuente: Bolsa Cereales de Buenos Aires






































