El INTA impulsa nuevas variedades de mandioca para potenciar la producción y la industria
Un programa de mejoramiento genético avanza en Misiones con el objetivo de ampliar la oferta de mandioca, adaptarla a los ambientes locales y responder a las demandas del consumo y la industria.
La mandioca vuelve a posicionarse como un cultivo estratégico para el norte argentino. En Misiones, un equipo de investigación del INTA trabaja en el desarrollo de nuevas variedades que buscan mejorar la competitividad de la cadena productiva, ampliar la base genética disponible y ofrecer alternativas tanto para el mercado en fresco como para el uso industrial.
El programa de mejoramiento genético actualmente evalúa 20 cultivares: la mitad orientados al consumo directo y el resto enfocados en la industria del almidón. El objetivo, explican desde el organismo, es poner a disposición de los productores materiales más eficientes, adaptados a las condiciones locales y alineados con las preferencias del mercado.
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“La idea es generar un abanico de opciones y que sean los propios productores, junto con los consumidores, quienes definan cuáles variedades se ajustan mejor a sus sistemas productivos”, señaló Martín Domínguez, investigador del INTA Misiones e integrante del proyecto.
En el caso de las mandiocas destinadas al consumo fresco, el trabajo no se limita al rendimiento. El equipo realiza evaluaciones sensoriales para analizar sabor, textura y calidad culinaria, aspectos clave para la aceptación del producto. “Buscamos materiales que rindan bien en el lote, pero que también sean valorados en la mesa”, explicó Domínguez.
Para las líneas industriales, el foco está puesto en el contenido de almidón y en la productividad total por hectárea. Algunas de las variedades en estudio muestran incrementos de entre 2 y 4 puntos porcentuales de almidón respecto de los materiales hoy disponibles. Sin embargo, los investigadores advierten que ese indicador debe ir acompañado de estabilidad y buen rendimiento para ser verdaderamente competitivo.
Otro eje central del programa es la evaluación de los cultivares en distintos ambientes productivos. Misiones presenta una marcada diversidad de suelos y microclimas, por lo que el análisis de la interacción entre genética y ambiente resulta determinante. En ese sentido, el INTA prevé ampliar los ensayos a diferentes cuencas de la provincia.
Si las evaluaciones continúan arrojando resultados positivos, las nuevas variedades podrían comenzar a llegar a los productores hacia 2028, una vez finalizada la etapa de validación prevista para los ciclos 2026 y 2027.
Además del mejoramiento genético, el equipo trabaja en la reintroducción de materiales conservados en el banco de germoplasma del INTA Castelar y en la posible incorporación de nuevas líneas provenientes del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), en Colombia, a través de acuerdos de cooperación.
“El rol del INTA es generar conocimiento aplicado y soluciones concretas para el productor”, remarcó Domínguez. Con esa premisa, el programa apunta a fortalecer una cadena con alto potencial productivo e industrial, clave para el desarrollo regional y la diversificación de la agricultura misionera.
Fuente: INTA








































