La primera estimación productiva de los cultivos estivales en Córdoba confirma un escenario desigual marcado por el clima: el sur provincial sufre pérdidas de rinde por déficit hídrico mientras el norte muestra mejores condiciones. La producción total caería frente al ciclo anterior, aunque algunos cultivos logran sostenerse gracias a una mayor superficie sembrada.
Aún sin cosecha en marcha, la campaña estival en Córdoba comienza a mostrar su tendencia productiva. El primer relevamiento realizado entre el 2 y el 8 de febrero revela un panorama atravesado por la irregularidad de las precipitaciones, con impactos diferentes según la región y el cultivo.
La estimación inicial proyecta una producción total de 31,2 millones de toneladas, lo que implica una caída de aproximadamente 3 millones de toneladas respecto de la campaña pasada, principalmente como consecuencia de menores rindes asociados al déficit hídrico.
Un mapa productivo dividido entre norte y sur
El comportamiento climático marcó una fuerte brecha dentro de la provincia. Mientras los departamentos del norte recibieron mayores lluvias durante los últimos meses, el sur atravesó períodos prolongados de escasez hídrica que coincidieron con etapas críticas de los cultivos.
Esta diferencia se refleja especialmente en el maíz. En la región sur —donde se concentra la mayor superficie sembrada— ya se reportan pérdidas concretas de potencial productivo en todas las fechas de siembra. En contraste, en el norte los maíces tempranos y tardíos muestran rindes superiores a los del ciclo anterior.
Debido al peso productivo del sur dentro del esquema provincial, la caída en esa zona termina arrastrando hacia abajo el promedio general.
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Soja, maní y sorgo: los más afectados
La soja presenta una tendencia mayormente negativa tanto en el norte como en el sur. Solo la soja temprana del norte logra mejoras interanuales, aunque su baja participación en el total sembrado impide revertir el resultado general.
El escenario es aún más complejo para maní y sorgo, los cultivos con mayor retroceso de rendimiento respecto del año pasado y también por debajo de sus promedios históricos.
En girasol, en cambio, si bien los rindes estimados se ubican por debajo del ciclo previo, continúan dentro de niveles aceptables en términos históricos.
Más superficie sostiene al maíz y al girasol
Desde el punto de vista del área implantada, la campaña también muestra contrastes. Soja, maní y sorgo redujeron superficie frente al ciclo anterior, aunque la caída fue moderada en el caso de la oleaginosa.
El comportamiento opuesto se observa en maíz y girasol, que ampliaron su superficie sembrada. Esta expansión permite compensar parcialmente la baja de rindes y sostener —e incluso mejorar levemente— el volumen total producido en comparación con la campaña pasada.
Más cultivos destinados a forraje
La sequía también modificó decisiones productivas. Se estima que el 14% del maíz y el 36% del sorgo serán destinados a forraje, porcentajes superiores a los habituales. Muchos lotes originalmente pensados para cosecha de grano fueron redireccionados ante el deterioro de los cultivos provocado por el estrés hídrico y térmico.
Girasol adelantado y con rol estratégico
El girasol es el único cultivo con avance de cosecha significativo, alcanzando un 22%, más del doble del ritmo habitual para esta época del año. Su recolección anticipada y el aumento del área refuerzan su importancia dentro de las rotaciones agrícolas, ya que permite mejorar la recarga hídrica del perfil y facilitar la planificación de la campaña invernal.
Estado de los cultivos y etapas críticas
Aunque las pérdidas de superficie no superan el 5%, casi todos los cultivos —excepto el girasol— muestran un aumento de lotes en condición regular a mala, producto del estrés hídrico y las altas temperaturas.
Al momento del relevamiento:
soja temprana, maní y sorgo atravesaban su período crítico;
el maíz tardío comenzaba esa etapa clave;
la soja tardía aún no definía rendimientos;
maíz temprano y girasol ya habían superado fases sensibles.
En este contexto, la continuidad de las lluvias durante febrero aparece como el factor determinante para sostener los rindes proyectados.
Presión sanitaria asociada al estrés climático
Las condiciones secas y calurosas favorecieron la aparición de plagas y enfermedades.
En soja predominó la arañuela roja, acompañada por trips y, en menor medida, orugas defoliadoras. En maíz, la chicharrita mostró baja presencia, aunque los monitoreos advierten un incremento hacia el norte provincial. También se detectaron niveles medios de cogollero y casos de roya anaranjada.
El maní comparte problemas de arañuela roja y suma presencia de viruela en zonas más húmedas del centro-norte. En sorgo se destacó el pulgón amarillo, mientras que en girasol se registraron royas blanca y negra con baja incidencia.
El clima, factor decisivo para el resultado final
Durante enero continuó la tendencia de mayores precipitaciones en el norte cordobés, aunque las lluvias registradas en los primeros días de febrero llevaron algo de alivio al sur provincial.
Sin embargo, técnicos y colaboradores coinciden en que la evolución climática de las próximas semanas será determinante: la continuidad de las precipitaciones definirá si la campaña logra estabilizar los rindes actuales o profundiza las pérdidas productivas proyectadas en esta primera estimación.
Fuente: Bolsa Cereales de Córdoba








































