Con solo US$3 a US$5 por hectárea, los bioestimulantes emergen como escudo contra sequía y calor y pueden sostener hasta 1.000 kg/ha

Ensayos muestran que, en campañas críticas, los cultivos tratados multiplican el rinde frente a lotes sin manejo biológico.

El combo de altas temperaturas y falta de agua vuelve a poner al manejo agronómico bajo presión. En este escenario, los bioestimulantes empiezan a ganar lugar como herramienta para amortiguar el estrés y proteger el rendimiento de los cultivos de gruesa.

La clave no es “milagrosa”: ayudan a que la planta siga funcionando cuando el ambiente juega en contra.

Los bioinsumos orientados a la tolerancia al estrés —principalmente rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR)— actúan sobre los procesos fisiológicos de la planta para mejorar su capacidad de adaptación.

“No modifican el clima ni el suelo, pero sí la respuesta del cultivo”, explica Alfredo Curá, especialista de la Red de Biológicos de Aapresid (CONICET-FAUBA).

Entre otros efectos, favorecen el desarrollo radicular, mejoran la absorción de agua y nutrientes y ayudan a sostener la actividad fotosintética durante más tiempo.

Aunque no eliminan el impacto de la sequía, estos productos pueden marcar la diferencia entre perder fuerte o mantener un piso productivo.

Según datos técnicos, en campañas extremas la soja tratada llegó a sostener rindes cercanos a 1.000 kg/ha, mientras que los testigos apenas alcanzaron 200 a 300 kg/ha.

El dato económico también pesa: incorporar estos consorcios bacterianos cuesta entre US$3 y US$5 por hectárea, una inversión baja frente al riesgo productivo.


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Uso preventivo: la decisión que define el resultado

Los especialistas insisten en que funcionan mejor cuando se aplican de manera anticipada y dentro de una estrategia planificada.

Los errores más frecuentes aparecen cuando se ignoran variables como:

  • estado fenológico del cultivo

  • condiciones ambientales

  • calidad de aplicación

  • producto elegido

También advierten sobre expectativas exageradas: los bioinsumos potencian el sistema, pero no reemplazan genética, fertilización ni buenas prácticas.

Qué muestran los ensayos a campo

La Red de Biológicos de Aapresid evaluó la tecnología en la campaña 2024/25 en 6 sitios, desde el oeste bonaerense hasta Tucumán, aplicando PGPR en semilla y vía foliar en soja.

Los resultados fueron dispares:

  • Tratamientos en semilla: respuestas significativas en 2 de los 6 sitios, con mejoras de 147 a 1.356 kg/ha.

  • Aplicaciones foliares: también 2 de los 6 sitios mostraron subas, con incrementos de hasta 114 kg/ha.

Para los técnicos, el próximo paso es entender qué factores —ambiente, momento de aplicación o modo de acción— explican esa variabilidad.

La tecnología interesa especialmente a productores que enfrentan escenarios climáticos inciertos y buscan reducir la volatilidad del rinde sin disparar costos.

En campañas normales, el impacto puede ser moderado. Pero cuando el clima se vuelve extremo, la diferencia puede ser decisiva para el margen.

La información surge de la Red de Biológicos de Aapresid, un espacio colaborativo dedicado a evaluar bioinsumos en condiciones reales de producción. Los ensayos corresponden a la campaña 2024/25 y forman parte de una línea de investigación enfocada en mejorar la resiliencia de los sistemas agrícolas frente al estrés hídrico y térmico.

Fuente: Aapresid

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