Alerta climática: las olas de calor se multiplicaron por cuatro en Argentina y ponen en jaque al agro

Un estudio de especialistas argentinos en clima confirmó que desde la década del 60 las olas de calor se cuadruplicaron en el país. El fenómeno, cada vez más frecuente y persistente, genera fuertes impactos en cultivos, ganadería y en la economía agropecuaria.

Más calor, más seguido y por más tiempo

Los veranos siempre tuvieron días intensos de calor. Lo que cambió —y preocupa— es la frecuencia y la duración de esos episodios. Hoy, las altas temperaturas no solo se repiten más seguido, sino que además se sostienen durante varios días y noches consecutivas, sin el alivio térmico que antes permitía recuperar a personas, animales y cultivos.

Especialistas argentinos en climatología demostraron que, desde la década de 1960 hasta la actualidad, la cantidad de olas de calor en el país se multiplicó por cuatro. El dato no es menor: se trata de una señal clara del aumento de eventos extremos, con impacto directo sobre el sistema productivo.

Cuando el calor no da tregua al campo

Para el agro, las olas de calor representan uno de los escenarios más complejos. En muchos casos, estos episodios vienen acompañados por períodos prolongados sin lluvias o por días consecutivos de alta insolación, una combinación que potencia el estrés hídrico y térmico en los cultivos.

El caso más reciente y contundente fue la campaña 2022/2023. La combinación de sequía severa y temperaturas extremas provocó pérdidas estimadas en unos 15.000 millones de dólares. Millones de hectáreas de maíz y soja vieron reducido su rinde o directamente se perdieron, dejando en evidencia la vulnerabilidad del sistema productivo frente a este tipo de eventos.


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Qué se considera una ola de calor

Desde el punto de vista técnico, una ola de calor se define como la persistencia de temperaturas máximas y mínimas elevadas durante al menos tres días consecutivos. Los umbrales no son iguales en todo el país: se ajustan según la región y la localidad.

Por ejemplo, en Junín —plena zona núcleo— se considera ola de calor cuando las temperaturas mínimas superan los 18,9 °C y las máximas exceden los 32,9 °C, de manera simultánea y sostenida durante tres días o más.

A partir de esos valores, está comprobado que el impacto se extiende tanto a la salud humana como al funcionamiento de los sistemas productivos, generando estrés térmico en cultivos y animales.

Cuándo ocurren y cuánto duran

Las olas de calor se concentran principalmente entre octubre y marzo, el período estival. Los registros muestran que enero es el mes con mayor cantidad de eventos, seguido por diciembre y febrero, mientras que marzo presenta una menor frecuencia.

En cuanto a la duración, la mayoría de los episodios registrados en la zona núcleo se extiende por tres días. Sin embargo, no son raros los casos de cuatro jornadas consecutivas, y en situaciones excepcionales se registraron eventos de seis o incluso siete días.

Estos períodos pueden darse tanto en contextos secos como húmedos. Cuando la humedad relativa es elevada, el impacto se agrava: además del calor real, aumenta la sensación térmica, intensificando el estrés sobre el ambiente productivo.

Una señal de alarma que ya está encendida

El dato de fondo es contundente: en los últimos 60 años, las olas de calor en Argentina se cuadruplicaron. Este incremento marca un cambio estructural en el régimen climático y plantea un desafío creciente para la producción agropecuaria.

Desde la gestión de cultivos hasta la planificación ganadera, el aumento de estos eventos obliga a repensar estrategias de manejo, fechas de siembra, elección de materiales y sistemas más resilientes.

El mensaje de los especialistas es claro: las olas de calor ya no son una excepción. Son parte de un nuevo escenario climático que impacta de lleno en el campo y, por extensión, en la economía del país.

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