“No voy a poder sostener la cabaña”: confirman 3 casos de scrapie y crece la tensión en el sector ovino

Oveja premiada en exposición rural junto a productor en pista de jura, en un predio ganadero de Argentina
El impacto sanitario ya golpea al negocio: establecimientos bloqueados, demoras en controles y temor por exportaciones clave

La confirmación oficial de tres casos de scrapie en ovinos en la Argentina encendió una señal de alerta en toda la cadena productiva, que ahora enfrenta un escenario sanitario delicado con consecuencias económicas concretas y cuestionamientos al sistema de control.

El diagnóstico, validado por el Senasa y comunicado a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), involucra establecimientos de Entre Ríos y Santa Fe, y abrió un frente de preocupación que va mucho más allá de los casos puntuales.

Un sistema bajo cuestionamiento

A medida que se conocieron detalles, la inquietud en el sector fue creciendo. Los establecimientos afectados son “El Luchador”, en Entre Ríos, y las cabañas santafesinas “Dorper Santa Fe” de Andrés Lebus y “El Tacurú” de Luciano Toldo.

Según fuentes de la actividad, dos de los animales positivos habían sido importados desde Paraguay en 2021 y 2022, bajo los protocolos sanitarios vigentes.

En ese marco, productores comenzaron a poner el foco en el funcionamiento del sistema:

  • El protocolo establece el envío de muestras (cabezas) al Senasa tras la muerte de animales importados
  • Sin embargo, denuncian que los análisis no se realizaron en tiempo oportuno
  • Las muestras habrían sido procesadas meses después, lo que retrasó la detección

“Se esperó a juntar muestras por un tema de costos. Eso generó demoras”, señalaron desde el sector.

Para muchos actores, este punto es clave: la enfermedad pudo haber circulado sin detección durante más tiempo del esperado.


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“Es muy difícil sostener la actividad”

El caso más sensible es el de Sergio Taffarel, titular del establecimiento entrerriano afectado, quien quedó interdictado por al menos dos años, sin posibilidad de comercializar animales.

El productor fue contundente al describir su situación:

“Con la cabaña cerrada, es muy difícil sostener la actividad en estas condiciones”.

Taffarel aseguró haber cumplido con todos los requisitos sanitarios:

  • Importaciones realizadas con autorización oficial
  • Controles periódicos
  • Envío de muestras al laboratorio

Sin embargo, cuestionó el accionar del organismo:

“Se dijo que éramos libres, pero cuando aparecen los casos, el impacto cae directamente sobre el productor”.

El riesgo se traslada a los mercados

La preocupación no se limita a los establecimientos afectados. El foco ahora está en el impacto que esta situación puede tener sobre el negocio ovino, especialmente en regiones exportadoras.

En la Patagonia, donde la actividad depende fuertemente del comercio exterior, el escenario genera máxima cautela.

Marcelo Díaz, referente del sector, advirtió:

“Si aparece alguna restricción para exportar, el golpe va a ser muy fuerte”.

Los números reflejan la magnitud del riesgo:

  • Se faenan alrededor de 300.000 ovinos por año
  • Cerca del 70% se exporta
  • En animales adultos, el porcentaje alcanza el 98%

Esto convierte al estatus sanitario en un factor crítico para la continuidad del negocio.

Un problema que puede escalar

Dentro del sector también crece el temor por el efecto contagio, no solo sanitario sino comercial.

Productores advierten que:

  • Hubo movimientos de genética desde establecimientos ahora afectados
  • La enfermedad podría no estar completamente circunscripta
  • Puede haber impacto en valores y confianza del mercado

“No es un problema de tres cabañas. Puede afectar a toda la cadena”, alertaron.

Fronteras, controles y genética en la mira

Otro de los puntos críticos es el ingreso de animales al país.

En los últimos años se registró un fuerte flujo de genética desde Paraguay, particularmente de la raza Dorper:

  • Más de 1000 animales importados legalmente en 2022
  • Estimaciones privadas indican que podrían haber ingresado más por vías informales

Esto reaviva el debate sobre:

👉 controles en frontera
👉 seguimiento sanitario
👉 trazabilidad efectiva

“Si se hubiera cuidado la frontera, no estaríamos en esta situación”, resumieron desde la actividad.

Tensiones dentro del propio sector

En paralelo, la crisis también expuso diferencias internas.

Algunos criadores buscan posicionarse con genética resistente (ARR), mientras que otros cuestionan estas estrategias en medio del conflicto.

“Aprovechar esta situación para hacer negocio es una vergüenza”, señalaron.

Consumo: buscan llevar tranquilidad

Frente al impacto mediático, el sector también intenta evitar efectos sobre la demanda.

Un punto clave:

👉 la enfermedad no afecta la aptitud del producto para consumo humano

Sin embargo, el mayor temor sigue siendo otro:

👉 posibles restricciones comerciales o pérdida de mercados.

Se esperan definiciones oficiales

Por estas horas, el sector avanza en gestiones para obtener respuestas:

  • Reuniones con Senasa
  • Contacto con autoridades de Agricultura
  • Evaluación de medidas sanitarias y comerciales

El objetivo es claro: evitar que la situación derive en un cierre de mercados o en medidas generalizadas.

Un escenario de máxima cautela

Mientras tanto, el clima es de incertidumbre.

Productores, frigoríficos y referentes de la cadena coinciden en un punto:
la necesidad urgente de claridad y previsibilidad.

“Necesitamos certezas para saber cómo seguir”, resumieron.

Un golpe a la confianza del sistema

El episodio de scrapie deja una señal que va más allá de lo sanitario.

Pone en discusión:

  • la eficiencia del sistema de control
  • la velocidad de respuesta
  • y la solidez del estatus sanitario argentino

Porque en el negocio ovino, la confianza es un activo tan importante como la producción.

Y hoy, ese activo empieza a mostrar señales de desgaste.

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