Alivio clave en plena definición de rindes: el agua llega justo para sostener el potencial en la región núcleo
Después de casi dos meses sin lluvias importantes y con cultivos bajo fuerte estrés hídrico, finalmente llegaron precipitaciones a buena parte de la región pampeana y pusieron un límite al deterioro productivo.
El alivio se concentró en el sur de Santa Fe, el este y sudeste de Córdoba y el centro-este y sudeste de Buenos Aires, zonas que estaban entre las más comprometidas por la falta de humedad.
Según registros del Servicio Meteorológico Nacional, entre el 14 y el 16 de febrero se acumularon entre 20 y 60 milímetros, con picos que superaron los 70 mm en algunos puntos. En el sur santafesino se destacaron localidades como San Jerónimo Sud, Casilda y Rosario, mientras que en Buenos Aires hubo buenos aportes en Azul y Coronel Pringles.
Qué cambia para los cultivos
Las lluvias llegan en un momento decisivo para la campaña.
En soja de primera, aunque el estrés de enero ya provocó pérdidas de potencial, el agua permite mejorar el llenado de granos y recuperar parte del rendimiento. En soja de segunda, más afectada por la sequía, el escenario sigue condicionado a que continúen las precipitaciones en las próximas semanas.
En maíz, el impacto es dispar: los planteos tempranos ya sufrieron recortes porque atravesaron el llenado sin humedad suficiente, pero el maíz tardío —en pleno período crítico— aparece como uno de los grandes beneficiados por este evento.
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El impacto en números
Antes de estas lluvias, la situación productiva ya había encendido alertas. La Bolsa de Comercio de Rosario estimó una cosecha de soja de 48 millones de toneladas, con un recorte de 2,5 millones respecto de las proyecciones de enero.
En muchas zonas se necesitaban al menos 40 mm para frenar el deterioro, umbral que en varios casos se alcanzó con el evento del fin de semana.
Productores: alivio, pero no solución definitiva
En el sur de Santa Fe, donde no llovía de manera significativa desde el 20 de diciembre, productores reportaron acumulados de 50 a 60 mm. Coinciden en que el agua frena la caída de rindes, aunque no recupera lo perdido.
En el centro de Buenos Aires, donde enero dejó apenas 13 mm en todo el mes, las precipitaciones de 24 a 40 mm mejoran el escenario pero todavía resultan insuficientes para asegurar rindes normales si no continúan las lluvias.
Más al sudoeste bonaerense, con registros de 30 a 60 mm, el aporte llega en pleno llenado de grano del maíz de primera, una etapa clave para definir rendimiento.
Por qué importa ahora
Febrero es el mes decisivo para la soja y gran parte del maíz tardío. Por eso, estas lluvias cambian el ánimo del productor y el escenario productivo: permiten sostener potencial, evitar mayores pérdidas y mantener abierta la expectativa de una cosecha aceptable.
Sin nuevos eventos de precipitaciones en las próximas semanas, sin embargo, el riesgo productivo seguirá presente.











































