Con la siembra ya cerrada, enero dejó al descubierto el impacto del estrés térmico y la falta de lluvias sobre los cultivos estivales, con pérdidas de potencial productivo en varias regiones.
La campaña estival ingresó en su fase más sensible con un escenario climático poco favorable. Enero no solo marcó el final de la siembra, sino que también expuso con crudeza los efectos combinados del déficit hídrico y las altas temperaturas, dos factores que pusieron bajo fuerte presión al maíz temprano y al girasol.
En buena parte del área agrícola, los cultivos atravesaron su período crítico con reservas de humedad limitadas, lo que generó un deterioro progresivo en el estado general de los lotes y una marcada heterogeneidad entre regiones y ambientes productivos.
El período crítico, bajo estrés
Los mayores impactos se concentraron en el maíz temprano y el girasol, que definieron rinde en condiciones de escasez de agua. En numerosos sectores, el estrés térmico aceleró los ciclos y redujo el potencial productivo, con síntomas visibles de marchitez, menor desarrollo foliar y limitaciones en la formación de granos.
Durante gran parte del mes, las precipitaciones se ubicaron por debajo de lo normal y no alcanzaron para recomponer los perfiles del suelo, especialmente en zonas que ya venían con un balance hídrico ajustado desde diciembre.
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Lluvias tardías, alivio parcial
Hacia el cierre del período, algunas lluvias más generalizadas permitieron mejoras puntuales en ciertos sectores. Si bien estos aportes no lograron revertir el cuadro de fondo, sí ofrecieron un respiro en áreas donde el estrés comenzaba a ser crítico y permitieron estabilizar el deterioro de los cultivos.
De todos modos, el impacto fue dispar y muy dependiente de la distribución espacial de las precipitaciones, lo que refuerza la fuerte variabilidad de la campaña.
Un cierre de campaña condicionado por el clima
De cara a las próximas semanas, la evolución del tiempo será determinante para definir el resultado final de la campaña estival. Con perfiles de suelo todavía comprometidos en varias regiones, el margen de recuperación es limitado y el seguimiento del clima se vuelve clave para anticipar riesgos y ajustar manejos.
En un contexto de alta incertidumbre ambiental, la campaña de verano entra en su tramo decisivo con una sola variable dominante: el agua sigue siendo el factor que define el rinde. 🌽🌻
Fuente: Bolsa Cereales de Córdoba







































