De la ciencia al plato: cómo el INTA potencia la vitamina D en hongos comestibles

De la ciencia al plato: cómo el INTA potencia la vitamina D en hongos comestibles

Un avance del INTA permite fortificar hongos comestibles con vitamina D2 mediante luz UV-B, sin aditivos y de forma controlada. La innovación abre oportunidades para la industria, los productores y la salud pública.

La ciencia vuelve a encontrar en los alimentos una respuesta concreta a los desafíos nutricionales actuales. Investigadores del Instituto de Tecnología de Alimentos (ITA) del INTA desarrollaron un proceso innovador que permite incrementar de manera natural el contenido de vitamina D2 en hongos comestibles, utilizando luz ultravioleta tipo B (UV-B). El avance combina impacto nutricional, potencial industrial y una clara proyección social.

La vitamina D cumple un rol clave en la salud ósea y en el funcionamiento del sistema inmune. Mientras que la vitamina D3 proviene mayormente de fuentes animales, la D2 es de origen vegetal y se encuentra especialmente en los hongos. A partir de esa característica natural, el equipo del INTA logró potenciar su concentración sin necesidad de agregar suplementos o aditivos externos.

“El proceso aprovecha una propiedad propia de los hongos: al exponerlos a luz UV-B, un precursor presente en sus células se transforma en vitamina D2”, explicó María de los Ángeles Rey, becaria posdoctoral del Conicet en el INTA. Según detalló, la clave está en optimizar las condiciones de irradiación para lograr un aumento controlado y estandarizado del nutriente.

Los ensayos mostraron incrementos significativos en los niveles de vitamina D2 tras la exposición a distintas dosis de luz ultravioleta. Con esos hongos fortificados, el equipo avanzó luego en el desarrollo de alimentos funcionales, como medallones vegetales, con un perfil nutricional mejorado.

El proyecto —que lleva más de dos años de trabajo— se desarrolla en conjunto con investigadores del Laboratorio de Hongos Agaricales de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, e incluye desde el procesamiento de hongos y la cuantificación del nutriente, hasta la formulación de nuevos alimentos con valor agregado.

A diferencia de la fortificación tradicional, el método se basa en un procedimiento físico: irradiación UV-B y posterior secado. “El efecto también podría lograrse con secado solar, pero el uso de lámparas nos permite trabajar en condiciones controladas y asegurar la repetibilidad del proceso”, señaló Rey.

El impacto potencial es amplio. En regiones con baja radiación solar y altos niveles de déficit de vitamina D —como ocurre en algunas zonas de la Patagonia— la producción local de alimentos fortificados podría convertirse en una herramienta clave para mejorar la nutrición de la población.

Además, el desarrollo abre nuevas oportunidades para los productores de hongos. “Es un proceso fácilmente escalable. En otros países ya se utiliza antes del envasado y la comercialización. En Argentina todavía no está legislado, pero generar evidencia científica en cepas locales es un paso fundamental para avanzar en ese sentido”, indicó la investigadora del ITA.


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En esa línea, el INTA trabaja junto a un grupo de investigación de Tierra del Fuego en el diseño de un dispositivo de irradiación UV-B adaptado a las necesidades de los productores de la región, con el objetivo de facilitar la adopción de la tecnología a pequeña escala y cerca del lugar de producción.

Hongos y alimentación saludable: una tendencia en crecimiento

Más allá del avance tecnológico, el desarrollo se inscribe en una tendencia global hacia dietas más saludables y sostenibles. Los hongos comestibles presentan hasta un 35 % de proteína en base seca, alto contenido de fibra, bajo nivel de grasas y un excelente perfil sensorial, lo que los posiciona como una alternativa atractiva para dietas vegetarianas, veganas y flexitarianas.

A esto se suma su producción sustentable, ya que pueden cultivarse a partir de residuos agrícolas, promoviendo modelos de economía circular.

“Los hongos son una matriz extraordinaria: aportan nutrición, permiten generar vitamina D2 de forma natural y se producen de manera sostenible”, subrayó Rey. En pruebas sensoriales realizadas con 127 consumidores, los medallones elaborados a base de hongos obtuvieron una alta aceptación, especialmente en sabor y textura.

El resultado confirma que existe una demanda concreta por alimentos innovadores, saludables y de origen vegetal. Con este desarrollo, el INTA refuerza su rol como puente entre la investigación científica, el agregado de valor y el territorio, con soluciones que impactan tanto en la producción como en la salud pública.

Fuente: INTA Informa

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