La biotecnología sigue siendo una herramienta central en el manejo de plagas, pero los últimos datos del campo encendieron una luz amarilla. La Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM) difundió los resultados de su Encuesta Nacional 2025, realizada sobre más de 1,8 millones de hectáreas, y reveló que 8 de cada 10 productores detectaron daños por lepidópteros en maíces Bt.
El relevamiento, que se lleva adelante de forma ininterrumpida desde hace casi una década, permite tomarle el pulso al manejo de malezas, insectos y enfermedades en los principales cultivos. En un escenario atravesado por resistencias, nuevas tecnologías y una creciente necesidad de diversificar estrategias, los resultados dejan en claro que el desafío ya no es solo adoptar tecnología, sino usarla de manera integrada.
Biotecnología: alta adopción, pero con señales de desgaste
Maíz y soja lideran la incorporación de eventos biotecnológicos. En el caso del maíz, las tecnologías Bt se consolidaron como la principal barrera contra los lepidópteros. Durante la campaña 2024/25, la versión Vip fue la más utilizada, con una adopción del 68%.
Sin embargo, la encuesta detectó presencia de insectos y daños en el 82% de los casos, principalmente por oruga de la espiga (Helicoverpa zea), una de las plagas objetivo de estas tecnologías. A pesar de ello, en la mayoría de los lotes no fue necesario reforzar con insecticidas: solo entre el 3% y el 15% de los maíces Vip y Cry, respectivamente, requirieron aplicaciones complementarias.
En soja, la biotecnología Conkesta fue la que más creció entre 2024 y 2025, pasando del 0,6% al 8,3%, aunque todavía se mantiene muy por detrás de Intacta, que continúa siendo la dominante con un 78% de adopción.
Malezas, insectos y enfermedades: quiénes marcaron la campaña
Entre las malezas, la rama negra volvió a ser la principal protagonista en barbechos de primavera, acompañada por yuyo colorado. Esta última, junto con sorgo de Alepo, encabezó los problemas en la postemergencia de cultivos estivales. En los cultivos de invierno, en cambio, las aplicaciones herbicidas fueron escasas y se concentraron en el control de crucíferas.
Los principios activos más utilizados fueron HPPD, PPO y ALS en preemergencia, y glifosato, hormonales y graminicidas en postemergencia.
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En insectos, además de la oruga de la espiga en maíz, la oruga medidora definió gran parte de las aplicaciones en trigo, girasol y soja, donde también compartió protagonismo con las arañuelas.
En cuanto a enfermedades, en maíz se destacó la roya común (Puccinia sorghi), aunque casi nunca derivó en controles químicos. En soja, la mancha marrón (Septoria glycines) obligó a al menos una aplicación en la mitad de los lotes. En trigo, la roya amarilla o estriada (Puccinia striiformis) demandó tratamientos en más del 60% de los casos.
Biológicos: una tendencia en alza
Otro dato clave de la encuesta es el crecimiento del uso de productos biológicos. En 2025, el 37,7% de los productores incorporó algún biológico (además de inoculantes), lo que representa un aumento de 10 puntos porcentuales respecto del año anterior. Dentro de este grupo, los bioestimulantes fueron los más difundidos.
Aunque el control químico continúa siendo la principal herramienta contra las malezas, la REM destaca una mayor adopción de prácticas complementarias, como cultivos de servicios y reducción del espaciamiento entre hileras, en busca de sistemas más integrados y sustentables.
Con una biotecnología ampliamente difundida pero con plagas que siguen ganando terreno, el mensaje del relevamiento es contundente: el manejo integrado ya no es una alternativa, sino una necesidad para sostener la productividad del maíz y la soja en la Argentina.
Fuente: Aapresid – Red de Manejo de Plagas (REM).










































