La lechería argentina cerró otro año en retroceso en cantidad de establecimientos, aun cuando la producción total volvió a crecer. Los últimos datos oficiales muestran que cada vez hay menos tambos activos, pero con más vacas por unidad productiva, una tendencia que confirma la concentración del sector y deja en evidencia las dificultades para sostener a los pequeños y medianos productores.
De acuerdo con estadísticas del Senasa, analizadas por el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), en diciembre de 2025 permanecían 8.895 tambos registrados en el RENSPA, lo que representa una caída del 2,56% interanual. Más allá de la cifra puntual, el dato ratifica una curva descendente que, con pocas excepciones, se extiende desde hace más de dos décadas.

El indicador se construye a partir de los registros sanitarios vigentes —establecimientos activos con al menos una vaca en producción— y, si bien no es una medición exacta de la realidad productiva, funciona como un termómetro clave para seguir la evolución de la actividad.
Menos tambos, pero más producción
Con la actualización mensual de los datos del RENSPA, el OCLA pudo estimar promedios anuales. En ese marco, el balance 2025 muestra que el número promedio de tambos fue un 4,2% menor que en 2024, ubicándose apenas por encima de las 9.000 unidades productivas.

La serie histórica (1988–2025) marca una reducción anual del 3,2% en la cantidad de tambos, mientras que en la última década la caída promedió el 2,5% anual.
Sin embargo, este proceso no se tradujo en una menor oferta de leche. Por el contrario, la producción del año terminó cerca de un 10% por encima de 2024, sostenida por mejores rindes por animal, incorporación tecnológica y condiciones climáticas favorables.

En diciembre, el rodeo en ordeñe alcanzó 1,48 millones de vacas, con un leve aumento frente a igual mes del año anterior. A nivel promedio anual, la cantidad de animales fue apenas inferior a 2024, pero el salto en productividad permitió compensar ese ajuste.
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Más vacas por tambo: la señal de la concentración
El cambio más estructural aparece al observar el tamaño de los establecimientos. En 2025, el promedio fue de 166 vacas por tambo, un 2,5% más que en 2024 y 8,2% por encima del promedio de la última década. En diciembre, ese promedio llegó a 167 vacas por unidad, consolidando la tendencia.

Para el OCLA, este proceso no es exclusivo de la Argentina. En los principales países productores del mundo, entre 2015 y 2024, la cantidad de tambos cayó a una tasa promedio del 4% anual, mientras que el rodeo lechero se redujo alrededor del 1% por año, reflejando un patrón global de menos establecimientos y mayor escala productiva.
Concentración geográfica y por volumen
El informe también pone el foco en dos fenómenos que se profundizan:
Concentración regional: la Cuenca Central (Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y Entre Ríos) reúne el 91% de los tambos y el 95,7% de las vacas en producción del país.
Concentración por tamaño: los tambos con más de 500 vacas representan apenas el 6,3% del total, pero concentran el 27,6% del rodeo y explican más de un tercio de la producción nacional. En el extremo opuesto, los establecimientos de menos de 100 vacas son el 34,1% de los tambos, aunque generan menos del 10% de la leche.

Un sector que produce más, con menos actores
El cierre de 2025 deja un mensaje claro: la lechería argentina sigue achicándose en cantidad de tambos, pero gana escala y productividad. La contracara de esa eficiencia es una mayor concentración geográfica y empresarial, que plantea desafíos para la sustentabilidad de miles de productores y para el equilibrio de las economías regionales.

El sector no encuentra piso en número de establecimientos, aun cuando logra crecer en volumen. La pregunta que queda abierta es hasta dónde puede avanzar este modelo sin perder diversidad productiva en el interior del país.










































