¿El pueblo perfecto? María Teresa saca pecho con su orgullo local, pero esconde un desempleo que preocupa
MARÍA TERESA, SANTA FE. Un estudio profundo de la localidad de María Teresa, impulsado por la comuna y la Fundación ES VICIS, pintó un panorama de contrastes que desafía la imagen idílica del pueblo del interior: mientras la confianza en las instituciones locales y el sentido de pertenencia se disparan a niveles récord, las cifras de empleo y vivienda exponen las costuras de la comunidad.
Orgullo y confianza: la receta secreta de María Teresa
Los datos, extraídos de una encuesta masiva que alcanzó al 40% de los hogares (504 familias), son contundentes:
- 68,6% de los vecinos siente un “alto orgullo” de vivir allí.
- El 63,5% confía ciegamente en la Comuna, un dato que pulveriza los promedios regionales.
- Más del 90% percibe el pueblo como un lugar seguro.
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“María Teresa demuestra que se puede”, afirmó Mercedes Manfroni, de ES VICIS, destacando este “capital social” como el motor del desarrollo local.
Las grietas del sistema: trabajo, techo y la “fuga” de jóvenes
Pero no todo es color de rosa. El mismo informe que celebra la cohesión social, enciende las alarmas con problemas estructurales:
- El desempleo trepa al 9,9%, superando la media nacional.
- Más de un tercio de las familias busca desesperadamente una solución habitacional, ya sea alquiler accesible, lote o vivienda social.
- Un dato escalofriante: el 78% de los encuestados, y casi el 77,4% de los jóvenes, escuchó la frase lapidaria: “para progresar hay que irse del pueblo”.
La falta de especialistas médicos (pediatría, traumatología), oficios calificados y lugares recreativos completan un mapa de “oportunidades latentes” que los vecinos reclaman a gritos.
¿Y ahora qué? Políticas basadas en datos, el desafío
Para el presidente comunal, Gonzalo Goyechea, esta radiografía es la “herramienta” necesaria para dejar de lado las intuiciones y empezar a diseñar políticas públicas “justas y sostenibles” con evidencia real.
La localidad tiene una base social robusta, pero el desafío es mayúsculo: lograr que el orgullo de pertenencia no choque de frente con la falta de oportunidades reales, especialmente para los más jóvenes. La decisión de planificar con datos podría ser el camino que marque la diferencia.









































