Salud con “s” de suelo

Muchas veces nos preparamos un exprimido de naranja pensando en su aporte de vitaminas, una ensalada de hojas verdes creyendo que suplirá parte del hierro que necesitamos, o apostamos al aporte de proteínas de una hamburguesa a base de legumbres.

Pero ¿de qué depende el contenido de nutrientes de los alimentos que consumimos? De un montón de cosas, empezando por la especie y la variedad del cultivo, pero también de otros factores, como por ejemplo la temperatura, la luz, la humedad y el estado nutricional del suelo. Leíste bien: el contenido nutricional de los alimentos que cosechamos también depende de los nutrientes del suelo.

Sin ir más lejos, hoy sabemos que, de los 18 nutrientes más importantes para las plantas y seres humanos, 15 vienen del suelo, y la carencia de muchos de ellos tiene implicancias directas en nuestra salud: hipertensión, diabetes, trastornos neurológicos o anemia, entre otras. Es por eso que la pérdida de fertilidad y degradación de los suelos agrícolas impacta en los niveles de nutrientes de los alimentos y, por ende, en nuestra salud.

Durante muchos años, se creyó que los suelos eran un sustrato inerte o sostén donde crecían los cultivos, y que para lograr cosechas exitosas bastaba con labrarlo, proveerles agua y aplicar algún fertilizante. Hoy, un 33% de los suelos del planeta están degradados y piden ser salvados.

La buena noticia: hoy sabemos mucho más sobre los procesos responsables de la fertilidad y salud de los suelos de los que conocíamos hace 50, 20 e incluso 10 años atrás. De la mano de disciplinas como la Microbiología tenemos conciencia de que hay más organismos vivos en una cucharada de suelo que personas en el planeta y que, al igual que nosotros, los suelos necesitan un aporte equilibrado y variado de nutrientes en cantidades apropiadas para estar saludables.


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También sabemos que esa vida bajo tierra no debe ser disturbada mediante las labranzas, que alteran el hábitat natural de los organismos que allí viven y cumplen funciones esenciales como el ciclado de nutrientes y del agua, el secuestro de carbono, control natural de enfermedades en los cultivos, entre muchas otras.

Estos conocimientos permiten hoy a los agricultores aplicar en el campo aquellas prácticas que ayudan a mantener los suelos vivos, sanos y fértiles: diversificación de cultivos, adecuada nutrición y no labranza. Además, se mejoran los niveles de producción de los cultivos. De hecho, nuestro país es líder mundial en prácticas agrícolas tendientes a la conservación de los suelos.

Cada 5 de diciembre se celebra el Día Mundial del Suelo. Este año, la ONU eligió el lema “Los suelos, origen de los alimentos” con el objetivo de concientizar sobre la importancia de estos en la producción alimentaria, nutrición y dietas óptimas, así como reivindicar el manejo sostenible de este recurso vital que hoy se está aplicando en la producción agropecuaria.

Así, la próxima vez que te prepares un licuado multifrutal o una hamburguesa de legumbres mirá para abajo y guiñale el ojo a cada ácaro, bacilo y lombriz que le aportó a tu comida cada microgramo de zinc, nitrógeno o de calcio.

Fuente: Aapresid

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