Aspectos claves par el manejo de la roya estriada del trigo

Un poco de historia sobre la roya estriada del trigo en Entre Ríos

Las primeras epifitias de roya estriada (RE) o amarilla del trigo causada por Puccinia striiformis f. sp. tritici en Argentina ocurrieron en 1928 y 1930. En la provincia de Entre Ríos, la primera detección en lotes de producción, ocurrió en octubre de 2010. Los cultivares afectados con relativa intensidad fueron Klein Tauro y AGP Buck Fast en Viale y Hasenkamp (Dpto. Paraná), Maciá (Dpto. Tala) y Perdices (Dpto. Gualeguaychú). En 2015, se registró nuevamente solo en la hoja bandera (HB) de pocas plantas de un cultivo de Klein León, en cercanías de la EEA Paraná (Camino del Medio) (Figura 1).

En septiembre de 2016, se detectó en DM Algarrobo y en octubre de ese año, además de este cultivar, en K. León y DM Fuste con severidad alta (40-70 %) y en DM Ceibo, K. Serpiente, K. Lanza, Buck Claraz y Biointa 1008, con severidad moderada (10 y 30 %). Actualmente, es una enfermedad generalizada en todas las regiones trigueras de la Argentina, incluida la provincia de Tucumán con lotes que presentaban 100 % de incidencia y 15 % de severidad, en el mes de julio de 2020. Por el contrario, en ese mismo año en la región pampeana y en Entre Ríos, los factores limitantes del cultivo, fueron las heladas y el déficit hídrico, con casos puntuales de enfermedades foliares severas.

El manejo de las royas se basa en el uso de cultivares resistentes y control químico. Sin embargo, la elección del cultivar se realiza considerando principalmente el potencial de rendimiento; un alto porcentaje de los trigos sembrados en Entre Ríos son de alta productividad, pero susceptibles a royas y a otras enfermedades.

Cultivares de trigo de buen comportamiento a razas frecuentes de Puccinia striiformis

El uso de cultivares resistentes o tolerantes, es la herramienta preferencial para el manejo de las enfermedades causadas por microorganismos biotróficos como las royas. Estos cultivares impiden o retrasan el proceso de infección; reducen la cantidad de inóculo disponible, poseen un buen rendimiento y calidad de granos, y son agronómicamente aceptables. Esta técnica, es de nulo o bajo impacto ambiental. Sin embargo, las razas de P. striiformis (RE) interaccionan con más de 18 genes específicos (Yr) del hospedante. Poseen una frecuencia variable, por lo cual es imposible predecir en cada ciclo agrícola cuál/cuáles serán las razas predominantes y su distribución geográfica en las diferentes áreas trigueras argentinas. En 2017, la raza prevalente fue la denominada PstS13 que afectó a los cultivares más sembrados en Argentina. Esta información es de gran utilidad para los programas de mejoramiento de trigo, no en forma directa para el manejo de los productores trigueros.

Cuando se informan los perfiles sanitarios de los cultivares de trigo, es importante revisar en primer lugar, los resultados locales (https://inta.gob.ar/documentos/evaluacion-de-cultivares-de-trigo-enentre-rios-subregion-iii-ciclo-agricola-2020); en segundo lugar, los presentados en forma conjunta por varias experimentales del INTA (Tabla 1) y por último, la tabla originada en la EEA Bordenave (https://inta.gob.ar/sites/default/files/inta_royastrigo19_act20_campos.pdf), para las tres royas del trigo. Existen cultivares adaptados a Entre Ríos (Subregión triguera III), de aceptable rendimiento de granos y buen comportamiento a RE.

Daños causados por royas en trigo

Las royas por su naturaleza biotrófica afectan tejidos vivos y en consecuencia impactan sobre diversos aspectos fisiológicos como la función fotosintética de las hojas, con la consecuente disminución de la formación y movimiento de los fotoasimilados, que conduce a la reducción en el número y peso de los granos. Es muy importante la duración del período verde o sano de la hoja bandera (HB), última hoja en iniciar su senescencia, que intercepta más luz que las inferiores y es la más cercana a los destinos (granos de las espigas). La fotosíntesis producida en la HB contribuye con un 30-50 % de los fotoasimilados para el llenado de los granos, por ello la longevidad de esta hoja se correlaciona estrechamente con la acumulación de materia seca. Las hojas inmediatamente inferiores a la HB (HB-1 , HB-2 , HB-3 ), también tienen relevancia en el aporte de fotoasimilados, la espiga y la HB-1 puede contribuir con algo más del 20 %, la HB-2 entre el 7 y 8 %, y la HB-3 , entre 2 y 3 %.

Por otro lado, la RE, lineal o amarilla se caracteriza por ser de naturaleza “sistémica”, es decir que a partir de una uredospora (espora), se forman nuevos uredos (pústulas) en línea y en pocos días se puede cubrir la hoja, a diferencia de la roya de la hoja o anaranjada (Puccinia triticina). Esta última, es de naturaleza localizada, es decir que desarrolla una pústula por espora depositada sobre el tejido vegetal (Figura 2).


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Existen cultivares que son susceptibles a más de una especie de roya y es posible observarlas juntas, incrementando la disfuncionalidad del área foliar (Figura 3).

Pérdidas y momentos de aplicación de fungicidas

Se estima que el 88 % de los cultivares de trigo del mundo son susceptibles y las pérdidas globales se estiman en 1000 millones de USD anuales. En Australia, los cultivares clasificados como moderadamente susceptibles (MS), susceptibles (S) o muy susceptibles (AS) podrían alcanzar una reducción de rendimiento entre 40 y 80 %, bajo una alta presión del patógeno. En general, para Argentina se estima un 50 % promedio en cultivares muy susceptibles. Las pérdidas directas del rendimiento dependerán del cultivar (resistente, moderadamente resistente, moderadamente susceptible o susceptible), de la cantidad de inóculo disponible en el área, la virulencia de las razas presentes, de las horas de mojado foliar (mínimo 4 h), del estadio fenológico a partir del cual la planta es parasitada y si se aplicaron fungicidas en el momento adecuado.

Una vez confirmada la presencia de la RE en el lote de producción, es necesario obtener un valor objetivo de la cantidad de enfermedad, a través de la incidencia (%), según el número de hojas con al menos una pústula de roya en relación al número de hojas sanas, de un total de 20 – 30 plantas (sin hojas senescentes) tomadas al azar. Existen numerosos umbrales de intervención química, que establecen desde 10 a 40 % de incidencia en hojas y severidad (porcentaje de área afectada), entre 1 y 10 %. Cuando los cultivares son muy susceptibles, los umbrales son más bajos. Cabe destacar que las pústulas de RE son poco perceptibles a campo por su color claro inicial, por ello cuando se define una incidencia de 1 o 2 %, es altamente probable que el valor sea muy superior cuando las hojas son observadas y evaluadas bajo lupa con al menos 30 aumentos (30X) (Figura 4).

La demora en aplicar un fungicida adecuado en las primeras etapas de encañazón (Z31 o Z32, uno o dos nudos) a HB completamente desplegada (Z39) en un año epifítico, ocasiona daños foliares de magnitud considerable con importantes pérdidas del rendimiento. En el ciclo agrícola 2018/19, sobre el cultivar DM Fuste, susceptible a RE y con detección visible el 03/09/18, se aplicaron fungicidas en Z32 (06/09) con una incidencia de 1,5 % y en Z39 (26/09) con una incidencia de 66%; la reducción del rendimiento por un retraso en la aplicación de 20 días significó una pérdida promedio de 810 kg ha-1 , algo más del 17 % con un rendimiento promedio de las parcelas testigo sin aplicación de fungicidas de 3242 kg ha-1 (Tabla 2).

Número de aplicaciones con fungicidas

En algunos sistemas productivos con cultivares de alto rendimiento, pero susceptibles a RE y con condiciones climáticas conductivas de la enfermedad, sería posible realizar dos aplicaciones de fungicidas, siempre combinando principios activos con diferente mecanismo de acción para reducir la probabilidad de generar resistencia en el patógeno. Por ejemplo, la comparación de una aplicación tardía en Z39 (Tabla 3) o dos aplicaciones en dos estadios (Z31 + Z39 mostró incrementos del rendimiento entre 15 y 23 % por reducir los efectos negativos de la enfermedad (Tabla 4) (Formento, datos no publicados).

Uso de coadyuvantes

Para el manejo químico específicamente de la RE, por su naturaleza “sistémica”, una consulta recurrente se refiere a la necesidad del uso de coadyuvantes. En general, si son compatibles con el fungicida, los coadyuvantes mejoran y aumentan la velocidad de la penetración, pueden reducir la pérdida de fungicida por efecto de las lluvias, y en consecuencia disminuir la intensidad de la enfermedad. Por ejemplo, en el ciclo 2018/19, sobre el cultivar DM Fuste, se aplicó un fungicida mezcla de estrobilurina + triazol en Z37 (HB apenas visible) con una intensidad alta de RE (Figura 5).

La intensidad de la enfermedad, definida por la incidencia y severidad en las hojas, se redujo marcadamente con el uso de fungicida más coadyuvante, cuando se compararon con las parcelas testigo y aquellas con fungicida sin coadyuvante (Tabla 5), lo que se tradujo en un incremento del rendimiento (Tabla 6).

Por otro lado, hay otros aspectos destacables que son importantes poder reconocer a campo:

  • es posible encontrar hojas de trigo con reacción resistente sin producción de pústulas (uredos) (Figura 6).
  • cuando la aplicación de fungicida se realiza en forma tardía y el hongo ya había colonizado tejidos, en las hojas de trigo se observan áreas rectangulares de tejido seco fisiológicamente inactivo, sin embargo, se detiene la producción de inóculo secundario (Figura 7).
  • cuando el hongo que es biotrófico ya no dispone de tejido vivo o las condiciones climáticas, principalmente altas temperaturas, P. striiformis produce teliosporas (Figura 8) que son de color oscuro y en ocasiones, se presume que es otra enfermedad.

 

Fuente: Angela Norma Formento

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