Insectos masticadores: daños que producen en hojas de maíz

Orugas cortadoras

 

El daño de orugas cortadoras comienza con la falta de porciones ovaladas o circulares en el coleóptilo y primeras hojas de la planta. Por lo general, este daño lo realizan orugas de tamaño menor a dos centímetros de longitud. A partir de ese tamaño, comienzan a realizar cortes de mayor significancia a nivel del cuello de la planta. Es posible encontrar plantas parcialmente cortadas, con la parte aérea pendiendo de una porción de tejido, o totalmente cortadas (foto 1). Cuanto más grande la oruga, más cercano al suelo y más limpio es el corte. Cuando no se pierde por efecto del viento, la parte aérea cortada permanece sobre el suelo en torno a la planta.

Oruga cogollera

 

La polilla de S. frugiperda realiza oviposturas numerosas, la detección de su presencia comienza con lesiones rectangulares de pequeña longitud (1 – 2 mm) agrupadas en hojas completamente expandidas o en el cogollo. En plantas con desarrollo anterior a V4, suelen presentarse en el envés de las hojas basales. Al pasar del primer al segundo estadio, la oruga comienza a realizar agujeros más circulares, muchos de los cuáles conservan aún la epidermis, dando lugar al daño reconocido como “ventanita”. A medida que transcurre el desarrollo larval, las lesiones comienzan a ser más alargadas y de mayor tamaño y ya no conservan la epidermis. Cuando las orugas aumentan de tamaño, la naturaleza caníbal de las mismas produce una baja en número de los individuos por planta, y las orugas sobrevivientes se trasladan al cogollo, consumiendo la porción basal de hojas jóvenes y también la parte media. Cuando las lesiones en la porción media de la hoja son alargadas y paralelas, el viento con frecuencia corta esas porciones de tejido que unen la parte media y es frecuente encontrar hojas sin su parte apical, en las cuales se evidencia un daño anterior de esta plaga. Si bien el daño a partir de una ovipostura progresa normalmente de la forma anteriormente citada, las orugas de últimos estadios larvales se trasladan de una planta a otra, por lo cual puede encontrarse un inicio de daño diferente al previamente descrito. Cuando una oruga se traslada por medio del contacto entre hojas expandidas o a través del suelo a una planta vecina, el daño se evidencia directamente en el cogollo con lesiones grandes e irregulares, que suelen no apreciarse a simple vista desde el exterior, pero aparecen cuando se corta la planta y se despliegan manualmente las hojas del cogollo (foto 2).

A: Daño ocasionado por orugas emergidas recientemente de la ovipostura.

B: Daño característico por orugas de segundo y tercer estadio.

C: Daño avanzado, producido por orugas medianas o grandes.

D: Porción de hoja perdida por combinación de daño y viento.

E: Oruga que se trasladó recientemente de una planta a otra en la cual no se evidencia daño desde el exterior, pero sí en la base del cogollo cuando se despliegan las hojas.


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Achyra bifidalis

 

La oruguita de la verdolaga consume el mesófilo de la hoja generalmente sin dañar la epidermis ni las nervaduras, produce lesiones alargadas que siguen la orientación de estas últimas. Tienen preferencia por dicotiledóneas y suelen estar asociadas al yuyo colorado. Cuando el lote cuenta con la presencia de esta maleza, las orugas pueden trasladarse al cultivo, aunque la presencia generalizada de lesiones en plantas de maíz por esta especie es infrecuente. El daño se observa como porciones de hoja traslúcidas en las cuales la epidermis se mantiene. También puede estar acompañado de tela y deyecciones (foto 3).

Diabrotica speciosa

 

Este crisomélido es causante de confusiones en relación al daño ocasionado por oruga cogollera. Muchos productores se asombran cuando observan daños durante diciembre y enero en etapas tempranas de maíces Bt que controlan a la cogollera. Los daños de Diabrotica pueden producirse cuando la hoja aún está plegada y se manifiestan posteriormente como lesiones (generalmente) circulares y paralelas. Sobre hojas ya desplegadas, produce lesiones similares a las que realiza una oruga de segundo o tercer estadio de cogollera, pero de forma alargada, respetando las nervaduras, en los extremos de las cuales puede haber restos de epidermis (foto 4). Cuando las mismas son circulares, se presentan por lo general en número mayor a dos, y en ese caso las lesiones no conservan la epidermis.

Tucuras

 

Las tucuras producen lesiones de gran tamaño, de bordes mayormente irregulares. El daño se presenta con preponderancia desde los bordes de las hojas, ya que la tucura se posa sobre la hoja y comienza a consumirla desde un borde. Sin embargo, también puede hallarse en la zona central, cuando el insecto aprovecha un pliegue de la hoja para comenzar a comer. En todos los casos son lesiones de mayor tamaño que las anteriores y no se observan en etapas tempranas de desarrollo sino cuando el canopeo ya tiene cierto desarrollo (foto 5).

Cuando se detectan daños en el cultivo de maíz es importante tomarse un tiempo para observar con detenimiento las lesiones evitando así realizar un diagnóstico equívoco. Si el daño es generalizado y reciente, el agente causal tiene que estar en el mismo ambiente, por lo cual realizar un esfuerzo extra en encontrar el insecto que está causando ese daño es de utilidad. También se debe tener en cuenta que las horas de mayor actividad de los insectos diurnos se asocian a periodos diarios con una temperatura media a máxima, que según la época de siembra puede darse a media mañana, al mediodía o a la siesta. A su vez, es importante conocer la biología de los insectos y sus hábitos ya que, por ejemplo, intentar observar orugas cortadoras en actividad durante el día conduciría al fracaso de la detección. Los insectos con actividad nocturna, como las orugas de este grupo, durante el día deben buscarse en la base de la planta, debajo del restrojo, o incluso enterradas en el suelo.

Fuente: INTA por Emilia Inés Balbi

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