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Vende fruta orgánica y este año facturará US$ 60 millones

11 meses atras

Cuando Diego González Carvajal (38) era estudiante de Economía, en la Universidad Di Tella, tenía una cosa muy clara. Luego de recibirse, no quería trabajar para una corporación. Quería hacerlo en un proyecto que transformara realidades. Era el año 2000 y las necesidades en la sociedad eran muchas. Se encontró frente a un contexto de crisis, y, para él, la única solución era interrumpir.

Con vocación de generar un cambio desde lo privado, un grupo de amigos dio vida a una empresa. La llamaron “Interrupción”. En su primera etapa, no estaba claro el modelo de negocios ni el producto. Pero sí que la empresa buscaría la creación de valor, tanto económico como social y ambiental. Se involucraron con productores de agricultura sustentable y dieron con el término fair trade (“comercio justo”). Este concepto, que adoptaron como filosofía de trabajo, remite a una forma alternativa de comercio que promueve una relación justa entre productores y consumidores. Según la empresa, esta política entiende que todos los productores deben recibir un precio justo por sus bienes, y los trabajadores, ganar un salario apropiado, obtenido en condiciones laborales dignas.

Propuesta

La inversión inicial consistió, más que nada, en horas dedicadas a organizar ferias de arte para financiar la producción. En paralelo al comercio de frutas y verduras frescas, elaboraban productos como mermeladas, dulce de leche, miel y chimichurri a baja escala. Pero, en palabras de González Carvajal, “no les compraba nadie”. Por esto, para 2002, decidieron probar suerte en los Estados Unidos: “Pusimos US$ 2000 y, luego, otros US$ 20.000 para adquirir una empresa de Nueva York y comprar nuestros propios productos. Importábamos y vendíamos en locales de la ciudad. Íbamos uno por uno. Ese año, facturamos US$ 20.000”, recuerda.

Con el objetivo de provocar un cambio cultural, Interrupción desarrolló varios proyectos a la vez durante sus primeros años. Tuvo un área de medios para promover el consumo responsable, elaboró índices de responsabilidad social para empresas e, incluso, abrió un restaurante que seguía los lineamientos de pensamiento de la compañía. En 2006, los fundadores decidieron focalizarse en la comercialización de frutas y verduras orgánicas.

Para ese entonces, habían conseguido reunir US$ 1 millón de familiares y amigos. Ese impulso les permitió alcanzar la producción que hoy comercializa. Vende frutas (frambuesas, moras, mangos, bananas, cerezas, frutillas, arándanos, ciruelas, peras y manzanas), verduras (papas, zanahorias, zapallos, brócolis, cebollas, choclos, coles, espárragos, lechugas y paltas), granos y algunos lácteos. La premisa es, siempre, trabajar con productores que respeten las dos líneas que Interrupción distribuye: Interrupción Fair Trade y Taste me, Do good. Ambas responden al comercio justo. La primera es totalmente orgánica. La segunda trabaja con productores que están en camino a serlo.

Si bien su producción está situada, principalmente, en América latina (la Argentina, Chile y Perú, aunque también en California, Estados Unidos), desde el comienzo, detectó que su mercado estaba en el exterior. Un 4 por ciento de sus ventas se concentra en la región. El 80 por ciento se va a los Estados Unidos y Canadá, y un 16, a Europa. Sus principales canales de distribución son los retailers, desde supermercados especializados, como Whole Foods, hasta los masivos, como Walmart.

En la Argentina, incursionó en las tiendas de Cencosud y Carrefour en 2015, aunque en cantidades mucho menores. Según González Carvajal, los motivos por los que el proyecto tiene más éxito en el extranjero tienen que ver con el nivel de ingreso de los consumidores pero, también, con el hecho de que, culturalmente, se conoce más sobre el tema. “En los Estados Unidos y Europa, cuentan con un salario que les permite el lujo de poder pagar un poco más por un alimento que tiene internalizado un costo ambiental y social. Acá, hay desconocimiento. Por eso, es importante la concientización y bajar los costos de la agricultura orgánica. Llegará el momento en el que el costo sea el mismo que la tradicional. De, a poco, se empieza a ver más interés sobre lo que comemos”.

Como política de la compañía, que cerró 2016 con una facturación de US$ 40 millones, el 2 por ciento de esta cifra vuelve en forma de primas sociales para las comunidades de los productores. Estos, reunidos en asambleas, deciden qué destino les darán a esos fondos, como parte de lo que implica trabajar con comercio justo. El fundador recuerda casos en los que el dinero se utilizó para causas como apuntalar escuelas, contribuir al club de fútbol local o, incluso, afrontar la operación del hijo de uno de los trabajadores.

Chacras modelo
Por el momento, la empresa se encuentra en pleno desarrollo de chacras modelo, tras la adquisición de tierras propias, en las que hoy se produce el 20 por ciento de lo que comercializan, y se impulsan nuevas formas de innovación y desarrollo, agricultura sustentable y uso de energías renovables. También, tiene el objetivo de incorporar una línea de productos elaborados que incluya jugos, gaseosas fermentadas nutritivas, una línea de lácteos orgánicos (yogur y queso), y comidas preparadas a base de vegetales (como hamburguesas vegetarianas).

Lo más difícil viene por el lado administrativo. González Carvajal asegura que, hoy, Interrupción acumula una deuda de US$ 6 millones. Para este año, su foco es capitalizar la empresa. “Siempre tomamos mucha deuda. Hace un año, empezamos un modelo nuevo de sistemas y nos preparamos para la próxima etapa, que consiste en mayor profesionalización”, afirma el emprendedor, que quiere alcanzar los US$ 200 millones de facturación en 2020.

En los últimos dos años, puso esfuerzos en crecer en América latina y Europa. A nivel global, exporta 600 contenedores al año, lo que representa 20.000 toneladas de producto o 15 millones de unidades. Con oficinas en Buenos Aires y Nueva York, González Carvajal asegura que sus productos estrella son los arándanos y las frutillas. Hoy en día, la firma tiene 320 empleados y planea cerrar 2017 con US$ 60 millones de facturación.

Fuente: Revista Apertura

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