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Una estrategia integral de nutrición permite incrementar los rendimientos y bajar costos

2 meses atras

Los suelos de la zona núcleo han estado sometidos durante décadas a un proceso de extracción de nutrientes. Y a pesar de que en los últimos 15 años ha crecido en forma sustancial el uso de fertilizantes, la balanza todavía es desfavorable e indica que la aplicación de nutrientes es aún menor a la proporción que se llevan los granos. En ese sentido, la soja es probablemente el cultivo más extractivo y el fósforo el elemento que se lleva la peor parte.

Propuesta

“Se considera que a nivel global en la Argentina se repone un 40% del fósforo que se le saca al suelo”, puntualiza Gustavo Ferraris, investigador de INTA Pergamino y especialista en nutrición de cultivos.

Los productores de soja podrían estar perdiendo un poco más del 20% de rendimiento en suelos con carencias nutricionales graves. De ahí la importancia de desarrollar una adecuada fertilización que aporte mayor sustentabilidad a la producción. Y en ese aspecto, la estrategia que Ferraris recomienda seguir es desarrollar un programa de fertilización a largo plazo que incluya el manejo por ambientes y la rotación de cultivos como ejes principales.

“Ensayos de larga duración para ver la importancia de la fertilización en el tiempo han determinado que en una soja inserta en un esquema intensivo, donde se combinan gramíneas y leguminosas, la eficiencia de recuperación del fósforo puede aumentar y llegar a valores de un 35% promedio”, explica el especialista. En tanto, en un escenario de monocultivo ese nivel de recuperación de fósforo apenas llega al 15%, con un suelo que además se compacta y muestra un deterioro de sus propiedades físicas y biológicas.

A su vez, tanto el fósforo como el azufre son elementos que tienen residualidad en el tiempo y son retenidos por el suelo. “No necesariamente hay que recurrir a fertilizar de manera directa la soja, sino que se puede hacer mediante la fertilización de otros cultivos. Por ejemplo, se podría armar una secuencia de rotaciones y fertilizar con una cantidad proporcional a dos años durante el cultivo de maíz, y la soja lo aprovechará en la próxima campaña”, agrega Ferraris. Pero se trata de una práctica que choca de manera directa con quienes adoptan estrategias más conservadoras de fertilización.

El investigador del INTA hace foco también en la agricultura por ambiente o el manejo sitio específico de la fertilización, que sin una mayor inversión y simplemente con una utilización estratégica de los fertilizantes, permite obtener un resultado muy eficiente y conservar de mejor manera el nivel de nutrientes en los suelos. Para ello, el productor debe abandonar la consolidada tradición de trabajar con dosis fijas para los distintos lotes y en cambio optar por una aplicación inteligente: en aquellos ambientes de mayor rendimiento, donde la extracción de nutrientes es más fuerte y el nivel de fósforo más bajo, deberían destinarse las mayores dosis de fertilizantes. Y ser más restrictivos con aquellas parcelas de menor productividad.

Para llevar adelante este sistema se necesita de todo un paquete de herramientas tecnológicas como monitores de rendimiento o imágenes satelitales, que tienen como objetivo diferenciar y determinar la distinta calidad y productividad de los ambientes. Y en especial, la elaboración de un análisis de suelo que proporciona la información básica para diagnosticar el estado nutricional y realizar los ajustes necesarios para alcanzar una óptima fertilización. Y aunque los números indican que cada vez más productores se acercan a los laboratorios con sus muestras, apenas 20% de las decisiones se toman en base a análisis de suelo y el resto se realiza de manera intuitiva con pobres resultados, que en general terminan en una subfertilización. Fuente: La Nación

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Agricultura