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Un Ingeniero Agrónomo fundó una empresa familiar casi sin capital y hoy exporta al mundo

Bunge TS
8 meses atras

Francisco Ponzinibbio fundó Valleverde, que produce conservas vegetales en frascos y en latas, pastas vegetales e incluso risottos y polentas listas para cocinar.

San Carlos de Bariloche. -¿Es posible fundar una empresa sin poseer capital inicial? ¿Radicar el emprendimiento a 1700 kilómetros del hogar? Y aún así ¿hacerlo rentable para terminar exportando al mundo entero? Sí. Es posible incluso, radicar esa empresa a orillas de un lago paradisíaco.

Francisco Ponzinibbio lo hizo. En el año 1996 se graduó de ingeniero agrónomo en la Universidad Nacional de La Plata e hizo un posgrado en gestión de empresas agropecuarias. Sólo con estos dos títulos abandonó la ciudad y se instaló en Bariloche para emprender su destino.

Hoy, a veinte años de aquella aventura, la empresa Valleverde tiene siete empleados que trabajan en seis líneas de productos gourmet que cruzan las fronteras de los países limítrofes y llegan a Canadá, Venezuela e Inglaterra.

Los comienzos fueron duros. Y hubo varios fracasos antes de lograr posicionar a la compañía en el mercado. “En un principio alquilé un inmueble que tenía cámaras frigoríficas y empecé a prestar servicio de frío para almacenamiento de fruta congelada, truchas, pollos, madurado de bananas- cuenta el hombre en su establecimiento a orillas del lago Nahuel Huapi-. Pero una vez pasado el desafío de poner en marcha las instalaciones, que llevaban algunos años abandonadas, y adquirido el manejo de la operatoria, me di cuenta de que me faltaba algo. Así en 1998 nació Valleverde”.

Primero la empresa se dedicó a congelar fruta fina y vegetales de la zona: frambuesa, frutilla, choclo, brócoli, que vendía mayorista a gastronómicos y minorista en los supermercados. “Pero era una época difícil, todavía no había una conciencia real de la cadena de frío y a la noche apagaban los pozos de frío y la mercadería se arruinaba. No podía competir con los precios de los productos importados y la rotación no era la que esperaba”, explica Francisco.

 

Después la empresa rotó y empezó a trabajar en lo que se llama IV gama; esto es, vegetales lavados listos para consumir, algunos en bolsas con atmósfera controlada, otros en bandejitas. Verduras para sopa, ensaladas listas, bolsas de lechuga, acelga, zanahoria y papa pelada entre otros.

“Como literalmente no tenía un peso para empezar, entré en contacto con la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Provincia y obtuve un financiamiento a través del Fontar, fue así que a principios del año 1999 pude equipar las instalaciones y lograr un producto de calidad. La mayor parte del capital fue entonces al diseño y construcción de maquinaria específica para el procesado de vegetales, algo a bienes de uso y el desarrollo de la imagen corrió por cuenta de un amigo”, relata.

Llegó a tener un buen espacio en las góndolas. Abastecía comercios y supermercados desde Bolsón hasta San Martín de los Andes con productos perecederos de muy corta vida útil pero de alta calidad. “Entregábamos los siete días de la semana, teníamos heladeras propias en los distintos supermercados, en su mayoría revestidas en madera de ciprés para darles un toque regional”.

 

La crisis del 2001

Pasó el tiempo y llegó la crisis del 2001.

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“En ese momento tenía que mantener el espacio con mercadería fresca que nadie compraba y terminaba tirando. Fue un período difícil ya que tenía que sostener una estructura de producción importante, producir, entregar y no cobrar. Decidí entonces ponerle un punto, reducir drásticamente mi estructura y cambiar”, cuenta.

En virtud de esta experiencia decidió vender vegetales adentro de un frasco y taparlos, para que no necesiten frío ni condiciones especiales de mantenimiento, para que no se estropeen y, principalmente, para que duraran más tiempo.

“Empezó así un proceso de sustitución de importaciones. Había un nicho poco desarrollado en ese momento por los productores regionales y ahí apuntamos”, sostiene el hombre que llegó a Bariloche solo y hoy tiene una mujer y dos hijas que viven junto a su empresa a orillas del lago.

“La inversión para transformar la fábrica no era significativa, la maquinaria básica para el tratamiento de los vegetales y su proceso térmico estaban. Con mano de obra propia y mucha dedicación pudimos dar el salto”, señala.

Haciendo honor a sus orígenes, empezó con productos característicos italianos: berenjenas con morrón en aceite de oliva, tomates secos también en aceite de oliva y un antipasto, con hongos, tomates y aceitunas. En esos días trabajaba más de 12 horas y hacían lotes de tan sólo 120 frascos.

Más tarde empezó a probar con los sabores ahumados: vegetales, hongos, berenjenas y tomates. Hoy el 75% de sus ventas, corresponden a vegetales ahumados.

“No sin obstáculos, logramos crecer y desarrollar nuevas líneas. Importamos de Italia y Alemania maquinaria con tecnología de punta específica para nuestra industria. Hoy tenemos casi 70 referencias en el mercado y hacemos todo artesanalmente, en lotes muy cuidados y prestando especial atención a los controles de calidad”, sostiene.

A partir del 2004, la empresa concretó una serie de pequeñas exportaciones a países vecinos, pero también a Canadá, Venezuela e Inglaterra. Luego mandó muestras a una gran cantidad de destinos.

En el año 2009 tuvo una baja en las ventas del orden del 15% pero al año siguiente logró no solo revertir la situación sino crecer. “Aumentamos las ventas hasta el 2011, año en que toda nuestra región se cubrió de cenizas por la erupción del volcán Puyehue. Fue un año difícil en el que durante meses no hubo movimiento, pero gracias a tener la venta distribuida a lo largo de todo el país, pudimos seguir trabajando”, relata Ponzinibbio.

Luego de ese parate, en 2013, la empresa registró sus mayores ventas, llegando casi a las 300.000 unidades. Se mantuvo estable, con una caída en enero del 2016 y un aumento significativo a partir de octubre último.

La empresa consta hoy de siete personas ue trabajan en las distintas áreas de Valleverde, que produce seis líneas de productos: conservas vegetales en frascos, en latas, dips y pastas vegetales, especias, aliños a base de aceto y vinagre y la última, de preparados gourmet, que son risottos y polentas listas para cocinar.

“Hacemos lotes de entre 2500 y 3500 unidades, con lo que logramos mantener un stock de todos los productos a lo largo del año”, dice.

“Un trato personalizado es clave en la comercialización de productos como los nuestros. Quizás a nosotros nos signifique resignar parte del margen, pero el tener una relación fluida y de confianza con nuestros distribuidores es uno de nuestros principales objetivos”, finaliza.

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