Proteger la fruticultura…¡por si las moscas!

La mosca de los frutos es una plaga de gran impacto para la cadena frutihortícola argentina. Desde el control y la colaboración, los productores pueden sumarse a una estrategia común para reducir las pérdidas, mejorar la calidad de la fruta y posibilitar el acceso a nuevos mercados.

La mosca de los frutos es una plaga de gran impacto para la cadena frutihortícola argentina. Desde el control y la colaboración, los productores pueden sumarse a una estrategia común para reducir las pérdidas, mejorar la calidad de la fruta y posibilitar el acceso a nuevos mercados.

La Argentina ofrece una gran diversidad de frutas. Sus sabores, aromas y colores no solo cautivan a los consumidores sino que agregan valor a uno de los sectores que ocupa más mano de obra en forma permanente.

 

Esta rica producción frutihortícola puede ser afectada por mosca de los frutos, una de las plagas de mayor importancia económica debido a los daños que produce en la fruta y las mermas económicas asociadas.

Los efectos no solo implican la disminución en la producción obtenida en el área con presencia de la plaga y la disminución de su calidad en los frutos infestados, sino también las restricciones a la exportación y/o necesidad de aplicar tratamientos cuarentenarios u otras medidas, que representan incrementos significativos en los costos de comercialización.

El Programa Nacional de Control y Erradicación de Mosca de los Frutos (PROCEM) busca reducir este impacto socioeconómico desarrollando sus acciones sobre las plagas Ceratitis capitata (mosca del Mediterráneo) y Anastrepha fraterculus (mosca sudamericana).

El objetivo de estas acciones es reducir el impacto de la plaga para lograr una mejora en la calidad y cantidad de producción en las áreas comprendidas por el Programa, lograr el reconocimiento de nuevas Áreas Libres de Mosca de los Frutos y mantener las actuales (dando cumplimiento a los  lineamientos internacionales), lograr la apertura de nuevos mercados y que nuestros productos frutihortícolas compitan en mercados internacionales sin restricciones fitosanitarias.

“La acciones que implementa el PROCEM se articulan entre el Senasa en conjunto con gobiernos provinciales, instituciones públicas, ONGs, la participación directa de los productores y el apoyo del MinAgro”, explicó el ingeniero agrónomo Esteban Garavelli, referente del PROCEM en el Senasa.

Cuidar la producción, colaborar con el control

El PROCEM se extiende en alrededor de 1 millón de hectáreas y basa sus actividades en el Sistema Oficial de Detección compuesto por trampeo y muestreo de frutos. Del resultado de estas, dependen las estrategias para el control de la plaga, incluyendo acciones de control químico, control cultural, trampeo masivo y  Técnica del Insecto Estéril (TIE).

Actualmente las áreas bajo el programa están compuestas por Patagonia, cuya principal producción son los frutos de pepita y la cereza; la Región Cuyo, con uva para vinificar y consumo en freso, frutales de carozo, cereza y pimiento y la Región del Noreste Argentino (NEA), con su producción de cítricos dulces y  arándanos.

Con el objetivo de avanzar en el control y erradicación de la plaga, el Senasa establece los lineamientos para el control, responsabilidad primaria de los productores como uno de los pilares fundamentales de la estrategia nacional. En este sentido, resulta esencial que los productores recolecten y destruyan en forma segura los frutos que se encuentran en el suelo o que permanecen en planta sin ser aprovechados; que utilicen herramientas de control validadas como son el control químico empleando insecticidas amigables con el medio ambiente respetando dosis del marbete y períodos de carencia y el uso de la técnica de trampeo masivo.

“Considerando la biología de la plaga y su alta tasa de reproducción y dispersión, es indispensable que se realicen prácticas agrícolas en forma conjunta y abarcando todos los hospederos a fin de reducir las pérdidas directas ocasionadas por la misma. Por otro lado con la estrategia implementada se busca minimizar el riesgo de introducir fruta infestada en las áreas protegidas”, sostuvo la ingeniera agrónoma  Paola Fedyszak, referente del PROCEM en el Senasa.

En conclusión, manejar el riesgo que ocasiona la plaga demanda un conjunto de actividades integradas para mitigar los efectos adversos en la producción frutícola, por eso, el productor es el actor principal en la lucha contra la plaga y su accionar es fundamental para el éxito del control de la misma.